Alexander: Minutos después de desayunar en la cafetería y hacer que una de las enfermeras le llevara comida decente a mi chica, fui en busca de Charlie. Él era el ortopedista y el encargado de quitarle el yeso a Samantha. Todo sucedió demasiado rápido, eran las nueve de la mañana y aquí estábamos. Charlie se arrodilló ante Samantha y me obligué a permanecer quieto en mi lugar. No sé lo que me sucedía, pero quería apartarlo de un empujón. —Bien, Samantha, quédate quieta y sé buena chica —Ella asiente con una sonrisa. ¿Pero qué? ¡Este idi*ta! Me removí incómodo en mi lugar. —Bien, ya casi está —dice Charlie observando su hermosa pierna—. ¡Listo! Él termina de retirarle el yeso y se pone de pie. Respiré aliviado. —Mi piernita está libre —dice Samantha con una alegría que apretó mi cora

