Capítulo 4 —Un nuevo comienzo

1751 Words
Samantha: —¿Entonces has escuchado de mi familia? —Ashley llama mi atención. Asentí y le di una sonrisa plana, tratando de poner en blanco mi expresión. No quería que notara que tenía ganas de salir corriendo de esta casa como una loca. No podía volver al pasado, Stefan no podía encontrarme. —Me alegra mucho que sepas quién soy. —Pronuncia la mujer y yo no estaba tan de acuerdo, a veces era mejor no saber. Así no me sentiría tan insegura y tensa en estos momentos. —¿Vienen mucho ellos aquí? Quiero decir, ¿las personas de su empresa? —Quise saber para asegurarme. Ashley deja de mirar mis credenciales y pone sus ojos en mí, frunciendo un poco su ceño. —No, la verdad no. —Respiré aliviada. Ella continúa—. Pero si quiero que te prepares, como dije, a veces tengo invitados, entre esos familiares y amigos íntimos. Mis fuerzas volvieron a mí y le di una expresión más tranquila. No tenía que preocuparme por ahora. —Claro, señora, lo que usted diga. Ella niega con su cabeza y a la vez con su mano. —No, no, nada de señora. A mí dime Ashley, así no me haces sentir vieja. Le sonreí con respeto. —Está bien, Ashley. Sus ojos brillan con aprobación. —Aclarado eso, también debes saber sobre la familia de mi esposo. Tal vez conozcas el apellido Spencer. No podía ser cierto. —Como los Spencer, ¿dueños de los hospitales más importantes de los Estados Unidos? Ashley suelta una pequeña risita. —Así es, mi marido es nada menos que el Doctor Alexander Spencer. No podía ser, iba a trabajar para personas muy influyentes. Me hice a la idea de que su notoriedad en la sociedad era solo por su estatus económico, pero me equivoqué, eran personas muy reconocidas en el país por los cargos que desempeñaban. Esperaba y su fama no me alcanzara, no quería llamar la atención. Aunque estaba siendo algo absurda, no debería preocuparme. ¿Quién alguna vez pondría sus ojos en una simple empleada? —Aunque eso si te advierto, Alexander es algo…, serio, así que te referirás a él como jefe, ¿entendido? —Asentí sin objetar, entre menos tenga confianza con estas personas, mejor. —Bien Samantha, espero y toda esta información de nuestras familias no te abrume, o te haga cambiar de opinión. —Me dice con una mirada expectante. Ni loca dejaría pasar esta oportunidad. Me apresuré a decir. —No, no, para nada, necesito el trabajo. —No tenía tiempo para buscar otro. Ashley asiente con satisfacción. —Y te lo daré Samantha, eres la indicada para este trabajo. —Ella le da una mirada más detallada a mi atuendo—. Aunque un poco joven y... Tal vez deberías usar algo más holgado… ¿Sabes qué?, despreocúpate. Mandaré hacer un uniforme de tu talla. —Sí, claro, como usted ordene —Le respondí nerviosa. Sabía que tarde o temprano se iba a fijar en mi apariencia—. De todas maneras, no debe preocuparse, pasaré desapercibida. —Le aseguré, se veía que esta mujer era una de esas esposas celosas. —Eso me gusta —dice con una expresión de desdén que se fue rápidamente de sus ojos, cuando se fijó en la carpeta que estaba sobre la mesa de café—. Ah, sí, lo olvidaba. Aquí está tu contrato, por favor revísalo. Lo tomé de sus manos y lo leí rápidamente. El contrato empezaba con cosas comunes como mis funciones, el salario, cumplir con los horarios, usar atuendos apropiados y sobre todo un acuerdo de confidencialidad. El cual consistía en no revelar nada de lo que pasara en esta casa, de lo contrario, iría derechito a la cárcel. Sumado a eso, todas las cosas perdidas o rot*s sin justificaciones, serían sumadas en mi sueldo. “¡Genial!”, bueno, solo tenía que tener cuidado de que nadie entrara sin permiso y robara algo, o alguna cosa peor, como dañar el patrimonio de esta casa de ricos. —¿Hay algo que no te guste? —Pregunta Ashley de repente. Levanté mi mirada del contrato y la observé. Ella estaba cruzada de piernas, con una mano apoyaba en el mentón y en una pose algo aburrida, como si estuviera esperando impaciente que yo firmara. No alargaría esto, seguro tenía cosas más importantes que hacer. Sacudí mi cabeza. —No, todo está claro. Lo firmaré ahora. —Le dije y así lo hice, cuando terminé se lo di en sus manos. A la mujer se le iluminaron sus ojos y se levanta enseguida de su puesto viéndose inquieta. —¡Bienvenida, Samantha! —Ella extiende una de sus manos para cerrar el trato. Sin demora, me puse en pie y estreché su mano. —Gracias una vez más por darme el empleo. Ella niega sin importancia y me da una sonrisa amable. —Gracias a ti por aceptar. —Ashley suelta mi mano y continúa—. Mañana empiezas, así que mejor ve por tus cosas y cuando vuelvas más tarde, te enseñaré la casa. Era algo acelerado, pero sospechaba que no podía decirle que no a esta mujer. —Está bien, regresaré en la noche. Aunque no estaba del todo segura dejando a Sonia, tenía que aceptarlo, ya sabes lo que dicen, no mires el diente de un caballo regalado, así que ni modo. Todo sea por mi universidad. Ashley asiente en acuerdo y empieza caminar hacia la salida, supongo, así que voy con ella. —Samantha, estaré en casa a las nueve, así que te aconsejo que vengas a esa hora. No querrás esperar afuera con tus maletas. Aunque puede que este el portero, pero la verdad no sé, de todas maneras, ven a esa hora. —Ella se detiene en el camino y seguidamente abre la puerta de entrada de su casa, haciendo evidente que ya quiere que me vaya. —Sí…, nos vemos a las nueve. —Le digo despidiéndome. Ella me da por último una sonrisa y me cierra la puerta en la cara. Mis labios se convirtieron en una mueca, ni siquiera me dejo decirle que pasara buen día. Como sea, me encogí de hombros restándole importancia. Me di la vuelta y salí tranquilamente, disfrutando la vista del lugar. Mientras tanto con Ashley…. Observo mi reloj de mano y suspiro audiblemente. —¡Ay! ¡No puede ser, llegaré tarde! —Me quejé. Me encaminé a las escaleras, subiéndolas rápidamente. Necesitaba un cambio de vestuario, no podía llegar con este aspecto a la pasarela de la nueva colección de Chanel. Gruñí molesta, de no ser porque necesitaba entrevistar a la sirvienta, hubiese llegado antes a mi compromiso, pero no me lamentaría ahora. Una vez que Samantha se encargara de todo en la casa, tendría todo el tiempo disponible para mi trabajo y para estar con mi querido esposo. ********* Samantha: Suspiré, sintiéndome al fin tranquila, “por fin llegué a casa”, me dije en mis adentros. Me tomaría un pequeño descanso y después empacaría. Solo esperaba que a mi amiga le cayera bien la noticia. Introduje la llave en el cerrojo y apenas abrí la puerta, Sonia apareció de la nada, bombardeándome con un millón de preguntas. —Sam, por fin llegas. ¡Cómo te fue! ¿Tu jefe es s3xy? ¡Cuánto te van a pagar! La observé con irritación y la pasé de largo. —Déjame llegar, Sonia. —Le dije sentándome en el sofá más cercano. Estaba segura de que permaneció toda la mañana como un gatito detrás de la puerta, esperando a que su amo llegara. Era una imagen algo ofensiva, si te referías a tu mejor amiga, pero era lo que hacía Sonia cuando se sentía sola y aburrida. Seguro también estaba ansiosa por la cita con ese chico de la cafetería, lo deduje por su vestuario. Tenían puesta una chaqueta elegante encima de su pijama de lunares. Casi me reí, se veía desastrosa. Ella no tardó en venir a mi lado. —Pero dime algo mujer, me estás mat*ndo de la curiosidad y también de hambre. No he almorzado. —Su expresión lucia, dramática y acusadora. Sacudí mi cabeza y le di una sonrisa divertida. —Sonia, existe algo llamado comida a domicilio. Ella me golpea suavemente en el brazo. —Pero nadie cocina como tú. Me reí de ella. —Desgraciadamente, es verdad —dije con autosuficiencia. Mi amiga rueda sus ojos cafés con fastidio y me reprende. —¡Bueno, ya! Deja de ser tan vanidosa y dime. Aparte mi mirada de ella, me quite los zapatos para luego doblar mis piernas a la altura de mi mentón. —Tengo que vivir en su casa. —dije rápidamente. —¿Qué? ¡Como que vivir con ellos! —Ella me toca el brazo para que la observe—. ¿Me vas a dejar sola, Samantha? Dijiste que no, ¿verdad? No deje de sonreír, sabía que ella se alegraba por mí, solo estaba actuando. —Me van a pagar cincuenta dólares la hora, no podía decir que no. Ella abre mucho sus ojos. —¿Cincuenta?, pero... —Ella toma mis brazos y casi me sacude—. Di*blos Sam, te ganaste la lotería. Solté una pequeña carcajada. —Esto no sería posible, si tú no me hubieras ayudado. Sonia niega. —Tonterías, todo lo hiciste tú. —Ella se detiene y me observa con orgullo—. Felicidades por tu nuevo trabajo. —Gracias. —Le respondí con la vista algo borrosa por las lágrimas que se empezaron a formar. Su apoyo significaba mucho para mí. —Siento dejarte, pero te veré los fines de semana. —Le aseguré. —No llores Samanta, ponte feliz. —Ella me da un abrazo rápido y luego se aparta—. Yo estaré bien, te lo aseguro. Además, con todo ese dinero que vas a ganar, nadie diría que no. Eso era verdad. Sonia continúa. —Con eso ya tienes dinero suficiente para pagar tu matrícula y te queda dinero de sobra. —Si es lo mejor —dije con una sonrisa, mientras limpiaba mis lágrimas. Ya estaba pensando en que lo gastaría. —Bueno, ya basta Sam, esto hay que celebrarlo. —Ella no esperó mi respuesta y salió corriendo rumbo a la cocina. Sospechaba que traería la única botella de vino barato que había en este apartamento y eso era suficiente.
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