Samantha: A la mañana siguiente… Aún me sentía triste, quería a Alexander conmigo. Como sea, tenía que distraer mi mente, no podía caer en esos pensamientos tan derrotistas. Él volvería y de nuevo estaríamos juntos. Dejando a un lado mis pensamientos sobre estar enamorada de mi jefe, como también el tema de su esposa y de nuestra infidelidad, como siempre surgía en mi mente, me dispuse a encender la televisión que había en la habitación. Alexander la mando a traer para que no me fastidiaran tanto estos días aquí en el hospital y estaba agradecida. La mañana la pasé en compañía de “Buenos días, Améric*”. El programa de televisión, me entretuvo bastante, sobre todo cuando se hizo presente el segmento de estilos de vida, era de mis favoritos, porque siempre se hacía presente algún chef,

