Samantha: No me detuve a pesar de la mirada que me dio Alexander, era mi trabajo y no quería que me echaran. Salí de la cocina rumbo al vestíbulo de la entrada y allí estaba la señora con un mundo de bolsas y también había un hombre de unos cuarenta años que llevaba varias cajas. Seguro era el chofer, él entró y puso las compras en el suelo. Pensé que me saludaría, pero ni siquiera me miró, parecía que quería salir huyendo. “Pero qué demoni*s”. Mi mirada confundida se enfocó en Ashley, quien me sonríe, pero enseguida sus labios decaen cuando ve a su esposo acercarse conmigo. —Alexander, sa…, saliste temprano hoy. —Si porque es la cena con nuestros padres. —Responde enojado. “¡Ay, no, qué vergüenza presenciar esto! Seguro por eso se fue el chofer”. Eso me hizo preguntarme, “¿discutir

