Samantha: Probé la sangre en mi boca y sentí mucho miedo por como terminaría esto. Solo que Stefan no vuelve a tocarme, en su lugar, comienza a romper cosas en mi casa. Aprovechando la distracción, me arrastré por la dirección contraria, dirigiéndome hacia la puerta. Mi pierna palpitaba por el dolor, pero no me detuve hasta que pude salir. —¡Ayuda! —Grité con todas mis fuerzas— ¡Ayuda! Sollocé sintiéndome impotente. —¡Dios, por favor! —Supliqué, alguien debía escucharme. En ese momento mi cabeza giró hacia la derecha y entonces lo veo. Veo a mi ángel acercarse por el pasillo. —¡Samantha! —Grita Alexander, apresurando sus pasos. Mi pech* inmediatamente, se sintió aliviado y sonreí cuando lo vi arrodillarse a mi nivel. —Pero, ¿quién demonios hizo esto? —Me preguntó enojado y su rostr

