Samantha: —¡Samantha, quiero mi batido de vegetales! —Grita la señora y sin pensarlo empujé a mi jefe quien suelta una carcajada ronca. —Ya escuchaste, dulzura. Obedece. —Él acaricia mi mejilla con suavidad, pero yo, en cambio, aparto su tacto de un manotazo. Dios, este hombre no tenía consideración conmigo. Me di la vuelta rápidamente y tomé la licuadora, pensaba verter el contenido en el lavaplatos, pero Ashley apareció en el umbral de la puerta. —¡Samantha, te estoy hablando desde hace rato! —La veo masajearse su sien y observarme con disgusto—. Te estás volviendo demasiado lenta. Abrí mi boca para responder, pero el doctor me roba el turno. —No empieces ahora a desquitarte con ella. —Él se acerca a mí y me quita la licuadora de las manos. Ante mis ojos veo como vierte el conten

