Samantha: Lo seguí de cerca observando su traser*, cosa que no podía evitar y sabía que nadie me culparía. El doctor, sí que se ejercitaba con frecuencia de no ser así, no tendría esos brazos tan musculosos, esos grandes pectorales, muslos anchos y esos abdominales de muert*, que tanto me hacían querer lamerlos como si fueran una barra de chocolate. Suspiré anhelante y despejé la idea de mi cabeza, primero lo primero. Cuando llegamos juntos a la cocina, lo observé en todo momento, totalmente hipnotizada. Sus músculos se flexionaban cada vez que untaba la esponja con jabón de platos y enjabonaba todo lo que había usado para el desayuno. ¿No era esto s3xy? Pues para mi sí que lo era. Recosté mi cuerpo en la isla de granito negr* y con una de mis manos sostuve mi mentón, mientras le son

