Sebastián Después de mis horas de ejercicio, decidí entrar por la parte trasera de la casa para ducharme. El agua caliente resbalaba por mi piel, pero no lograba relajarme. Me pasé las manos por el rostro, intentando borrar la imagen de Renata huyendo de mí, con sus mejillas encendidas y los ojos llenos de humillación. No quise ser cruel. No lo dije con la intención de herirla, pero es que cuando la vi mirándome de esa manera, con esos ojos brillantes, recorriéndome sin disimulo, supe que debía dejar las cosas claras. No quería malos entendidos, no quería que mis hijas se hicieran ilusiones con ella y mucho menos que Renata creyera que había alguna posibilidad conmigo. Me pasé una toalla por el torso, cerrando los ojos con frustración. Lo peor de todo era que, aunque mis palabras fu

