Valeria La maleta estaba abierta sobre la cama desde la noche anterior, pero yo aún no había metido nada. Me quedé sentada frente a ella por varios minutos, solo mirando. Respirando. No sabía por dónde empezar. ¿Qué llevar? ¿Qué dejar? Tomé una blusa blanca, la doblé y la metí al fondo. Luego un par de jeans, aunque no creo que me sirvieran por mucho tiempo. Unas zapatillas cómodas. El estuche con mis documentos. El diario donde había escrito todo lo que nunca me atreví a decir en voz alta. La primera ecografía de mi hijo que guardé envuelta en una bufanda. Mientras doblaba una chaqueta, mis dedos se detuvieron sobre un suéter gris. El suyo. Me lo había puesto un día de lluvia, cuando me resfrié. Estaba limpio, olía a lavanda, pero sentí que al tocarlo me llenaba de heridas nuevas.

