Renata El despertador no tuvo que sonar. Mis párpados se abrieron solos a las 5:17 AM, como si mi cuerpo tuviera un GPS emocional programado para "El día más importante de mi vida". Me quedé acostada unos minutos, abrazando la almohada, sonriendo como tonta mientras pensaba en Sebastián. Debo confesar que después de la primera vez que estuvimos intimidad, dormíamos todas las noches juntos, esperábamos a que las niñas se quedaran dormidas y luego él se venía a mi habitación, como de cuatro a cinco de la mañana, antes de que despertaran se regresaba a su propia habitación. Pero hoy, el lado izquierdo de la cama estaba frío. Sebastián, ese supersticioso adorable que había decidido no verme antes de la ceremonia, me había dicho: “No, amor, dicen que es de mala suerte, así que si por si a

