Durante el resto de la semana no sufrí ningún tipo de altercado. Los días se mantuvieron monótonos e insípidos. Ni si quiera había visto a Drake desde la comida que tuvimos hacía ya tres días. Básicamente, gracias a mí ahora tenía nuevos socios provenientes de la capital, algo que nos abriría muchas puertas. Pero a ambos parecía costarnos agradecernos las cosas que hacíamos el uno por el otro. A punto de marcharme a casa ese viernes otoñal, Helen me avisó de que Drake había dejado un mensaje para mí: quería que la mañana del sábado no viniese a trabajar y me preparase para volar a Florencia el próximo lunes. Pasaríamos allí cinco días para poder asistir a un evento que se celebraría en el teatro Nicolinni en el que podríamos conocer nuevos posibles socios, empresarios de alto poder en

