Ver a Ronald a través de una pantalla me alegro el resto del día. Nada más verme aparecer en la videollamada, su espléndida sonrisa y su insistencia por saber si estaba bien en Italia fueron el mejor chute de energía que podían darme. Parecía feliz, descansado y, sobre todo, lleno de vitalidad. Haber dejado la empresa o, más bien, haber derrocado su gobierno a su hijo, parecía haberle proporcionado la paz que necesitaba. Y si él estaba conforme con su decisión, no había motivos por los que yo debería seguir lamentando su cesión. Drake se había encargado de que el hotel nos prepara una sala aparte para llevar a cabo la reunión. Precedida por una larga mesa de cristal que sólo ocuparíamos cinco personas, lo más destacable era la inmensa televisión colgada en la pared, en la cuál podía vers

