Ricardo acepta lo que su mujer le pidió no muy convencido, observa la dedicación con que prepara el desayuno, su hija busca alegrarlo le ofrece su manta y su muñeca inseparable mientras succiona la botella de fórmula que le dio su madre, Ricardo se relaja un poco viendo los crespos de su hija desordenados al tiempo que le ofrece sus brazos para que se termine de despertar y él encargarse de darle lo que resta de fórmula. -Papi - dice la pequeña dejando de lado su fórmula. -Ven te limpio la boca pequeña...- con ella en brazos busca un pañito para limpiarla. La niña empieza a juguetear con su rostro, Ana se asoma con una jarra llena de jugo de naranja, mira encantada la escena de padre e hija. Ricardo no se percata de su presencia pues la pequeña ha logrado distraerlo de su objetivo, agra

