Capítulo 4 No hay amor en mi corazón

1469 Words
Narra Arthur Han pasado dos semanas desde que Annel trabaja para mí, creí que era una mujer soltera, pero no es así, tiene novio y con justa razón, es guapísima y con una mirada hechizante, sus hermosos ojos azules como el cielo. Yo siempre he deseado una mujer como ella, pero no llegaba y me di la oportunidad con Bárbara, aunque no como lo esperaba, entre nosotros sólo existe el s**o y quiere ser más famosa a nivel mundial, por eso se cuelga de mí, de hecho, muchas mujeres lo han intentado hacer, sólo buscan dinero y fama, ya que soy un hombre muy exitoso y muy reconocido, pero al parecer la única mujer que no se le ve interés por mi dinero es la señorita Maxwell, ella es diferente, por lo que me he dado cuenta en este poco tiempo, se ha desempeñado muy bien en su trabajo y además que es muy reservada, y eso la hace misteriosa para mí, deseo conocerla. – Buenos días, sr. Harrison. – entra mi bella asistente con una sonrisa que enamora. – Buenos días, señorita Maxwell. – saludo amablemente. – Estaba revisando su agenda y pasado mañana tiene que viajar a España para cerrar unos negocios con los Ferrara. – dice y la verdad es que no lo recordaba. – Muchas gracias por recordármelo. – digo y ella asiente. – Así que vaya preparando maletas y sus documentos para viajar. – digo y ella me mira sorprendida. – ¿Dis… disculpe? – dice tartamudeando. – Usted es mi asistente y tiene que acompañarme. – Pero… - la interrumpo. – Nada de peros señorita, si tenía planes con su novio, le recomiendo que los posponga para otro día. – digo y ya no dice nada. Asiente y sale de la oficina. Sé que es mucha tentación de tenerla cerca y no poder besarla, ella es una mujer inalcanzable. Ella lo tiene todo, belleza, simpatía, amabilidad, entre otras más virtudes, el único defecto que tiene es, su novio. Estaba concentrado en unos correos electrónicos de algunos de nuestros clientes, cuando se escucha la puerta abrirse, miro y es Bárbara, quien lleva un vestido rojo pegado al cuerpo. Me mira con una sonrisa seductora, y sé lo que significa, pero me prometí no tener s**o en la oficina, no quiero incomodar a Annel. – ¿Qué haces aquí? – me hago el sorprendido. – Vine a invitarte a comer. – querrá decir a que yo la invite. – Ok. Vamos. – apago el monitor y tomo mi saco. Ella se cuelga de mi brazo y salimos de la oficina, veo a Annel saliendo de la suya, me mira y agacha la cabeza esperando a que nosotros entremos primero al ascensor, imagino que se sintió incomoda la otra vez por las demostraciones cariñosas de Bárbara. Subimos al auto y la llevé a uno de sus restaurantes favoritos, donde siempre le gusta comer un poco de pasta o sus ensaladas. Si que se mata de hambre para tener una figura espectacular, pero ya la tiene. En fin, la vanidad. Estábamos comiendo tranquilamente, cuando se aparece mi rival, John Richardson, un egocentrista de primera y peor de mujeriego que yo, que se cree el más poderoso de las industrias. – ¡Harrison! – dice con hipocresía. – ¿Qué quieres, Richardson? – digo de mal humor. – Saludar, hombre. – me ignora y posa su mirada den mi acompañante. – Hola, bella mujer. – dice sonriéndole a Bárbara y ella le regresa la sonrisa coqueta. Son tal para cual. – Hola, soy Bárbara, la novia de Arthur. – no dejan de mirarse. Por mí que se vayan lejos y no regresen más. – Es un placer, hermosa mujer. Toma su mano y le da un beso en ella. Yo estuve a punto de reírme. – ¿nos acompañas? - ¿lo dice en serio? Ella sabe muy bien que no lo soporto, si tantas ganas tienen de estar juntos que se vayan a otra parte. El idiota me mira y se pone serio, la vuelve a mirar y sonríe. – Me encantaría, pero tengo una comida con algunos socios. – se despiden y a mí me ignora, para lo que me importa. Pero antes de irse intercambian números telefónicos. – ¿Es en serio? – la miro con el ceño fruncido. – ¿De qué hablas? ¡Ah! ¡claro! No te pongas celoso mi amor, yo soy sólo tuya. – tiene que ser una maldita broma. – Sabes muy bien que ese imbécil es mi enemigo. – digo en un tono molesto, pero parece no importarle. – No entiendo por qué, se ve que es muy agradable. – esta mujer es más descarada y ya me tiene harto. – Además, pienso pasar estos días contigo. – recordé mi viaje con Annel. – No voy a estar. – digo sin mirarla. – ¿A qué te refieres? – dice molesta y la miro. – Pasado mañana salgo de viaje de negocios. – digo y ella sonríe. – No hay problema, voy contigo. - ¡pero por supuesto que no lo hará! – ¿si sabes que son negocios y no de placer? – digo y me mira irritada. – Eres un imbécil. - ¡Dios! – Entiéndeme, quieres. – digo cansado. – Haz lo que quieras. Pero una cosa si te advierto, si me entero de que estas con otra. Esto se terminó. – como si me importara. Para mi mejor. – Son negocios. ¿Ok? – digo y me mira sin creerme. Lo que menos quiero son problemas con esta mujer. – Estas advertido. – después de sus amenazas, terminamos de comer, se despide descaradamente de Richardson y nos vamos. Le pido un taxi y se va a casa de una de sus amigas y yo a la oficina, deseo ver a mi bruja de ojos hechizantes. Como deseo tenerla en mis brazos, pero es una mujer inalcanzable. **** Ya era el día de viajar y ya estábamos en el aeropuerto, y la miro y se ve un poco nerviosa, al parecer es la primera vez que viajará en avión. Pongo mi mano sobre su hombro para tranquilizarla. – Todo va a estar bien. – digo y ella sonríe nerviosamente. – Es… es la primera vez en avión. – y fue lo que me había imaginado. – Se le nota. – digo sonriéndole. – Usted tranquila, que voy a cuidar de usted. – me mira y sonríe un poco más relajada. Se escucha el timbre de un mensaje en su teléfono y lo revisa, miro de reojo y creo que es su novio. Ella responde y se ve muy feliz. Abordamos el avión y buscamos nuestros lugares en primera clase, ella se ve muy asombrada. – ¿primera clase? – dice sin poder creerlo. – Así es, así viajaremos más cómodos. – le guiño un ojo y veo que se pone tímida. Se ve linda así. Llegamos a Madrid, España, ella estaba maravillada con lo que veía. Un auto ya nos estaba esperando para llevarnos al hotel, Annel no dejaba de mirar por la ventana del carro, es tan hermosa en toda la extensión de la palabra. Llegamos al hotel, dio mi nombre y nos entregan nuestras llaves. Un botones nos ayuda con nuestro equipaje por el ascensor, llegamos a nuestro piso, las habitaciones están juntas para cualquier cosa que se necesite. El muchacho deja primero el equipaje de ella y después en la mía. Le doy las gracias y su propina. Se despide y se va. – Descanse señorita Maxwell, a las 7 pm. tenemos la reunión con los clientes. Póngase guapa. – le vuelvo a guiñar un ojo y ella asiente con timidez. – Nos vemos más tarde. – se despide y cierra la puerta, me voy a la mía y me recuesto en la cama. Cierro mis ojos y me quedo dormido Suena la alarma marcando las cinco de la tarde, me levanto y me voy a dar una ducha, cierro los ojos mientras disfruto del baño y la veo a ella, desnuda, parada frente a mí con una mirada llena de deseo. Termino de todo y me pongo un traje gris oscuro, una camisa blanca y unos zapatos n****s y mi corbata roja. Salgo de la habitación y Annel ya me estaba esperando, me dejó con la boca abierta, llevaba puesto un vestido casi a los tobillos de color azul metálico brillante, zapatillas del mismo color, su cabello esta ligeramente suelto, y su maquillaje es ligero, es perfecta. Pero no hay amor en mí, y no quiero tenerla para una noche, ella merece más que un corazón podrido. – ¿nos vamos? – le ofrezco mi brazo, ella no duda y lo toma. Ambos sonreímos. Voy a ser la envidia de todos.
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