Narra Arthur
Después del desayuno con mi asistente, nos fuimos a recorrer parte de la cuidad ya ella no conoce. La miro y esta maravillada por el lugar, realmente es hermosa, como la deseo. Pero no, ella no es para mí, ni yo soy para ella. Es inteligente, bella y eficiente en el trabajo, y merece que alguien la ame, yo no puedo hacerlo, yo no creo en el amor, por más que tenga mucha tentación de querer hacerla mía, no deseo que saliera lastimada en algo que no puedo ofrecer, además de que ella ya tiene a alguien más en su vida, pero puedo sentir una fuerte atracción hacia ella, debo hacerme a la idea que ella nunca será para mí.
Por la tarde teníamos otro compromiso con los Villanueva, otros de los clientes de la empresa. Son un matrimonio agradable y tienen una hermosa hija, Paola, rubia, ojos verdes, alta y un cuerpo ardiente. Salimos una vez cuando concreté negocios con sus padres, nunca más volví a saber de ella. Me doy otra ducha refrescante, pensando en Annel, imaginándome su hermoso cuerpo, no puedo hacerlo pensando en ella, abro la llave del agua fría para calmar mis ganas.
Salgo de la regadera y me pongo un traje gris oscuro, una camisa blanca, con los dos botones abiertos. Me dejo el cabello ligeramente alborotado. Salgo de la habitación y voy a la de mi asistente, toco la puerta y la abre y quedo impactado, lleva puesto un vestido suelto color azul cielo, zapatillas negras y su cabello está suelto.
– Hermosa. – me mira y sonríe.
– Gracias. – dice y no entiendo por qué.
– Por lo de hermosa. – creo que lo dije en voz alta.
– Yo… lo siento. – digo apenado.
– Usted también está muy guapo. – dice sin dejar de mirarme.
– ¿Nos vamos? – le ofrezco mi brazo y ella lo toma.
Subimos al carro que esperaba por nosotros y le doy la dirección de la casa de los Villanueva, el chofer comienza a manejar, veo de reojo a Annel y ella mira por la ventana, me dan unas inmensas ganas de besarla, pero no, tiene novio.
Después de 20 minutos llegamos a la casa de mis clientes, bajo del carro y antes de que abra la puerta para que salga mi hermosa asistente, escucho una voz familiar.
– ¡Arthur! – Paola llega hasta a mi abrazándome y besándome apasionadamente.
– Paola… - digo sorprendido separándome de ella.
– Buenas tardes. – dice Annel y Paola la mira feo.
– ¿Quién eres? – dice haciéndole cara.
– Soy Annel Maxwell, la asistente del sr. Harrison. – dice ella con seriedad.
– ¿asistente? – la mira sin creerle
– Así es Paola, es mi asistente. – digo y me mira y me sonríe.
– ¡Harrison! – sale David Villanueva.
– David. – saludo cortésmente.
– ¿Quién es esta bella dama? – pregunta mirando a Annel.
– Es su asistente. – dice su hija con mala cara.
– Es un gusto. – ella le extiende su mano a David la cual recibe con gusto.
– Pasen, no se queden ahí. – sale Marlene a invitarnos a pasar.
– Tomen asiento. – David sale por un momento mientras que nosotros lo hacemos. Paola se sienta junto a mi poniendo su mano en mi pierna. Annel se sienta junto a Marlene.
– Te había extrañado mi cielo. – dice descaradamente, veo discretamente a mi asistente y veo que está muy molesta.
– No sé qué decirte. – digo con seriedad.
– Ven, vamos a otra parte. – toma mi mano y antes de levantarnos llega su padre.
– La comida esta lista. – dice y todos nos levantamos y fuimos al jardín. Paola no suelta mi mano, no quiero imaginar a mi bella asistente molesta.
Narra Annel
Me encontraba en mi habitación arreglándome para la comida que tiene mi jefe con otros de sus socios, una vez lista, tomo mi bolso y escucho que tocan a la puerta y estoy 100% que es él. Salgo y me mira embobado que me dice hermosa, le agradezco, pero no entiende el por qué, le respondo y se disculpa apenado, le digo lo guapo que se ve también, me ofrece su brazo y nos dirigimos al ascensor. El chofer ya esperaba por nosotros, subimos al auto, el sr. Harrison le da instrucciones. Después de 20 minutos llegamos a una enorme mansión, es hermosa. Mi jefe sale para ayudarme a bajar del carro, pero en eso llega una mujer muy guapa, lo abraza y besa con mucha pasión, - ¡Demonios! – bajo y saludo, me mira con cara de pocos amigos y me pregunta quién soy, le digo que la asistente del sr. Harrison y lo duda, seguramente piensa que soy una amante, ni de broma, en eso sale un señor poco más de 60 años, muy guapo, por cierto, nos saluda y su esposa sale a invitarnos a pasar.
La mujer esa no se separa de mi jefe y le pone una mano en la pierna, veo a la Sra. Marlene con una sonrisa. No puedo creer lo descarada que es esa mujer, pero por lo que veo y logro entender ellos son amantes o lo eran, no sé y no me interesa. Al parecer a los padres de esa tipa tampoco les importa que se manoseen delante de los demás, tengo ganas de desgreñarla.
– Hacen una hermosa pareja, ¿no crees? – me dice la madre de ella y la miro sin comprender.
– No entiendo. – digo y me mira con una sonrisa.
– Hace 2 años que hacemos negocios con Arthur y mi hija se enamoró de él, pero dijo que no estaba listo para una relación formal y además que estaba saliendo con una tal Bárbara. – tiene que ser broma, aunque no la culpo, ¿Quién no se enamoraría de un hombre como Arthur Harrison?
– ¿Qué hizo ella al saberlo? – pregunto con curiosidad.
– Ella le pidió una noche juntos, él aceptó y desde ahí no se han vuelto a ver, hasta ahora. – la Sra. Marlene tiene esperanzas de ellos se cansen, lo dudo. ¿o sí se casaría con ella?
Estábamos comiendo tan a gusto, que no me di cuenta de que mi jefe y Paola ya no se encontraban con nosotros, seguramente se están revolcando. Volteo y vienen, veo que ya no están tomados de las manos y ella no tiene buena cara que digamos, seguramente la rechazó.
Nos despedimos de la familia Villanueva y nos subimos en el auto, se sentía un silencio muy incómodo, ya quiero ir a casa, extraño mucho mi cama y a mi amigo. Llegamos al hotel y cada uno se fue a su habitación sin decir nada. Mañana será otro día.