La apreté a mi cuerpo fuerte, colocando mi rodilla en medio de sus piernas. Haciendo que ese roce la estremeciera, entre besos la llevé a mi habitación. Devoraba sus labios sin parar, cuando estuvimos al borde de mi cama la empecé a acostar en ella mientras yo me ubicaba encima. Mis labios se desplazaron a su cuello, lamiendo esa parte llenando mis fosas nasales de una deliciosa fragancia que tenía. Sus manos se mantenían quietas en mi espalda. Dejé de besarla y levanté un poco de mi cuerpo. —Segura de hacerlo, estás cómoda—pregunté. —Sí, desde que leí tus historias he querido estar así. Soy hetero pero tú me pones mucho—susurró. Mi cuerpo se calentó mucho más pero tuve que parar cuando oí el timbre, el pedido había llegado. A regañadientes fui y dejé la comida en la cocina. Volví

