Regresábamos en absoluto silencio; si no hubiera sido por la estúpida de Clara, ese coñito sería mío, pero no quitare el dedo del renglón. La miraba de costado y se notaba muy seria, no obstante, esto no impedía ver lo hermosa que es. Tengo unas ganas enormes de comérmela a besos, morder esos labios hinchaditos, dejar marcas en su cuello, poseerla totalmente. En un arranque de valentía o de locura puse mi mano en su rodilla, miro mi mano, pero no dijo nada. Comencé a masajear con leves toques, subí por su músculo. Respiro profundo, pero siguió sin emitir palabra. Me dirigí a la parte interna de su muslo, masajeando, no podía quitar mi mirada de sus labios, los estaba mordiendo. Mierda, muero de ganas por mi hermanastra. Quite mi mano, me miro sorprendida, pero lo hice para poder meterla

