Aventé el bolígrafo sobre el papel. Dolía tanto que se me doblaban los dedos con cada letra escrita. Continué después de tomarme varios minutos. A partir de ese punto las cosas fueron de mal en peor. Rogaste tanto que lo hiciste tan difícil. No tienes ni idea de todas las veces que estuve a punto de pedirte que nos fuéramos para jamás volver. Recibí todas tus cartas, lo tienes que saber, ¡cada una! Don Benito, el cartero, era mi amigo porque le regalaba huevos recién puestos de las gallinas. Él dejaba los sobres que llevaban tu nombre debajo de una maceta. Las leí todas y lloré con cada una por no poder responderlas. Esperaba un milagro que lograra que volviéramos a estar juntos. Ese milagro me buscó en el río un día en el que ya tenía poca esperanza. ¡Llegaste a buscarme! Ofreciste t

