¡Qué manera de acabar con un plan tan perfectamente armado!, pienso mientras estoy parado en la entrada del edificio donde viven Alessia y Camelia, esperando la llegada del taxi que acabo de solicitar. Definitivamente debo comprarme no solo ese apartamento sino también un automóvil en este país. Cuando pensaba que nada podía salirme mal este día, aparece el hombre ese a tirar al traste lo que había pensado sería un paso más en pro de lograr tener a Camelia conmigo. Ofuscado como me siento, no garantizo que, si vuelvo a ver a ese hombre, no le asiente un puñetazo en medio de la nariz para que aprende a no estar en los lugares ni los momentos inadecuados. Abordo del taxi, mientras avanza pienso que fui impulsivo, debí haberme quedado con Alessia, así les hubiese dañado la noche, hubiese i

