Dejé caer la falda al piso junto con mi camisa y los borcegos a un lado de estos dos, Aspen hizo lo mismo. Todos nos miraban esperando para ver cuando nos tirábamos al lago.
-Primero las damas- dijo
-Entonces primero las damas- hice un ademán para que él vaya primero.
-Los dos al mismo tiempo- oh por favor
-Vale
-Uno....dos...
-Tres- me tiré. El agua estaba fría, más bien helada y tengo que estar aquí más de treinta minutos.
- ¿Tienes frío? - preguntó- si te acercas a mí te puedo dar...- lo interrumpí
-Antes de eso prefiero congelarme- comencé a moverme por el agua, sino terminaría congelada.
- ¡Hagan sus apuestas! - gritó Theo. Todos ponían su dinero en las manos de Theo y me sorprendió ver que la mayoría había apostado que Aspen ganaría, putos van a morir.
- ¡Llevan veinte minutos! - anunció Amber
-Faltan diez o quizás más si puedes- dijo Aspen y me pareció ver un pequeño temblor en sus labios.
Entrecerré mis ojos- Tendré un resfriado por tu culpa- ya no siento mis pies.
-Pobre de ti
- ¡Faltan cinco! - gritó Amber.
-Tienes los labios morados- observó.
-Igual que tú- dije.
- ¡Media hora! - gritó Amber ¿por qué no se calla?
- ¿Sigues?
- ¿Por qué no? - moriré de hipotermia, pero al menos feliz de saber que le gané.
A los cuarenta minutos Aspen y yo salimos del lago hechos unos cubitos. Amber me envolvió en la toalla y yo lo único que hacía era temblar.
-Eres fuerte Thompson
-Lo mismo digo- dije tratando de no temblar.
Ninguno de los dos ganó, por desgracia. Volvimos al edificio ya no sentía nada de mi cuerpo, Amber me preparó el baño y té caliente. El agua caliente ayudó a mi cuerpo a volver a su estado normal, aunque ya tenía una gripe asegurada.
Una vez en la sala, cogí mi taza de té no sin antes estornudar como si mi vida dependiera de ello.
-Te traeré otra manta- mi amiga fue en busca de una a su cuarto- ya tienes tres mantas- dijo poniéndome la otra.
-Un récord- apoyé la taza de té en la mesita- el viernes doy clases en el salón B
- ¡Qué! ¡en el salón de los chicos! - gritó.
-Calla- llevé una mano a mi oreja, grita fuerte.
- ¿Qué clase enseñarás? - preguntó.
-Historia
Sonrió de lado- Al menos todos van a prestar atención y a tener buenas calificaciones
Puse los ojos en blanco- Ni lo menciones. Lo peor es que doy clases en mi tiempo libre
-Es raro. - dijo ella, la miré- la directora confía mucho en ti
- ¿Eso tiene algo de malo? - le di un sorbo a mi taza de té.
-Ella no confía en nadie que no sea su chofer y ahora en ti- jugó con un mechón de cabello en sus dedos.
Para cenar en la cafetería había fideos y carne, me senté con Amber y sin poder evitarlo le metí el pie a la chica que le había roto la nariz, ella se levantó y sin decirme nada siguió su camino.
-Se nota que eres de las peores, pero aun así te va bien en clase
-Mis actitudes no afectan mis calificaciones- metí el tenedor con fideos en mi boca- oh rayos
- ¿Qué? - me miró curiosa.
-Los fideos tienen manteca Y YO ODIO LA MANTECA- me levanté y fui al baño a lavar mi boca. Exagero, lo sé.
Mientras lavaba mi boca escuché que alguien lloraba. Volteé y vi a una chica de cabello verde apoyada en los fríos azulejos de la pared, mientras lloraba.
- ¿Estas bien? - negó con la cabeza
-Ese maldito de Aspen- dijo entre sollozos. Al escuchar su nombre mi piel se erizo.
- ¿Que te hizo?
-El muy hijo de su madre cambió mi shampoo por tinte verde- oh ya veo.
- ¿Cómo te llamas?
-Celeste- me miró- tú debes ser Natalie
-Sí- ¿cómo sabe mi nombre?
-Eres muy famosa aquí- no llevo ni una semana aquí y ya soy ¿famosa?
-Escucha no te preocupes por el color, en dos días se va y por Aspen no te preocupes yo me encargo- sonreí.
Regresé con Amber y luego nos fuimos a nuestro dormitorio.
- ¿Que vas hacer qué? - preguntó
-Lo que escuchaste- es sorda o ¿qué?
-Pero es muy arriesgado- bufo.
-No si tengo el permiso de la directora
-Él no te hizo nada
-Amber lo más sagrado de una mujer es el cabello, te metes con él y te metes conmigo
Resopló- Bien, nos vemos mañana
-Hasta mañana- cerré la puerta de mi cuarto.