Capitulo 17
Con nervios volteo a mirar a Carolina quien muestra una sonrisa a la vez que mantiene su bastón tomado esperando una respuesta.
—Ah mi celular es que Mariana me lo pidió prestado—Valentín pretende arreglar las cosas, pero lejos de eso las ha perjudicado más.
— ¿Cómo? ¿Mi hermano te tiene sin celular? Ay eso no puede ser—ella frunce el ceño.
— ¡No! No es eso… —exclamo nerviosa a la vez que me rio—Lo que pasa es que mi celular se descompuso… Más bien porque no se toman un café, es temprano.
—No. Es que ya me tengo que ir, lo siento será a la próxima con permiso—Valentín soba mi brazo para luego irse.
Suspiro con pesadez en tanto guardo ese celular en los bolsillos de mi pantalón. Terminando de hacer eso noto como Carolina ahora muestra un gesto de preocupación con una mezcla de tristeza.
¿Qué? Pero si hace un rato estaba sonriendo tan bonito. Frunzo el ceño tocando su hombro.
— ¿Qué pasa hermosa? —pregunto atenta con voz cálida.
—Viste como rechazo el estar más tiempo conmigo. Ay, Mariana, creo que tienes razón, el profesor me gusta ¡No! Más bien me encanta—por un pequeño instante sonríe con entusiasmo—Es obvio que yo a él no. Mariana tengo unos ahorros ¿Me puedes llevar de compras? Quiero verme bonita para él.
Ay no me digo a mí misma escuchando como Carolina me pide algo que no está en mis manos, de los nervios solo rasco mi nuca. Es tan evidente que no podre ayudarla con eso, Alfredo jamás dejaría que pise un solo pie fuera de esta casa.
Qué pena, me encantaría ayudarla, se nota que quiere algo más con Valentín quien estoy segura de que sigue soltero según mis fuentes hasta hace seis meses atrás él aún seguía soltero, eso lo sé porque lo tengo en redes.
Lo sospechoso es que no tengo idea del porque no le da una sola esperanza a Carolina ella es muy linda. Frunzo los labios viendo a Caro quien muestra un rostro apagado.
—Eres muy linda, así como eres, no necesitas cambiar nada —comento con amabilidad.
—Bueno sé que soy linda porque hasta hace unos años atrás mi rostro era bello pero esta ropa que compra mi madre con encajes estoy segura de que no es mi tipo.
Uy creo que en eso tiene razón, aunque se ve linda su ropa es de una señora tan parecida a su madre, aún sigo sin entender porque esa señora es así.
—Mira hare algo, hablare con tu hermano. Quizá èl…
—Buenas tardes…—Alfredo aparece de pronto.
—Ay hermano que bueno que llegas. Le estaba comentando a Mariana que deseo tanto que me acompañe a cambiar mi look, me encantaría que me acompañaran los dos —ella propone abiertamente.
Observando el rostro de Alfredo quien se desconcierta un poco debido a la propuesta de su hermana. Èl solo exhala para luego carraspear un poco su garganta. Luego de eso dirige la mirada hacia mí, viéndome con un gesto de negación me hace saber que piensa que yo tuve algo que ver con eso, por lo que enseguida le niego con las manos a la vez que con palabras sin sonido le hago saber que yo no tuve nada que ver.
Claramente él no me cree.
Más tarde…
—Por favor acomódale el oxígeno al señor Leonardo—ordena Hilda—Ahora vuelvo iré por comida para las dos.
Asiento con una sonrisa, luego de eso miro a ese hombre el cual a pesar de estar en coma se ve que fue alguien muy elegante, debe ser tan difícil estar en esta situación, de pronto se me viene a la cabeza platicarle algo sobre el día. Sigo mis instintos y procedo a hablarle sobre el día, el clima y platicarle sobre las cosas que tenía que hacer.
Tal vez no me escuche o si pero si, si espero que se sienta acompañado por ello lo tomo de su mano y le confieso que me siento muy triste por estar lejos de mi hermana y sobrinos, expreso el dolor que siento de estar enamorada de Alfredo sin ser correspondida, termino llorando frente a él. Por alguna extraña razón me he desahogado siento un poco de libertad, incluso puedo decir que me he sentido escuchada.
Sin previo aviso se abre la puerta de la entrada por lo que casi enseguida suelto la mano del señor Leo y me dedico a limpiarme las lágrimas, me doy la vuelta dándome cuenta de que es Santorell viendo a su padre.
Si algo veo en su mirada es tristeza de mirar a su papa postrado en esa cama, decido no decir nada solo me mantengo en silencio esperando a que él hable, eso sucede en cuestión de segundos cuando aprieta sus labios a la vez que exhala por la nariz.
—Como te dije, pensé que las cosas y está bien te llevare junto con Carolina al centro comercial. Mariana no hagas una estupidez que vas a salir perdiendo, mi madre tiene mucho poder a donde quiera que vayas ella te alcanzara, ten paciencia y como te lo he repetido miles de veces, dedícate solo a obedecerme y listo.
—Alfredo dime la verdad, hay algo que me dice que tú no eres esto—lo miró fijamente —Dime que es eso que me quieres decir pero que no te atreves.
—Nada, no es nada, por favor, Mariana solo disponte a seguir ordenes, me tengo que ir.
Alfredo sale de la habitación, en tanto yo me quedo parada viendo como cierra la puerta, hay algo que me dice que algo esconde, Pero... ¿Qué? ¿Qué es realmente lo que me quiere decir o a donde me quiere llevar con todo esto? Siento una pesadez en el pecho de solo intentar averiguarlo.
En el centro comercial…
—Bueno ya tienes la ropa ahora falta un tono de cabello ¿Cuál quieres hay muchos aquí? hay tonos rubios, castaños, negros, pero ya eres rubia.
—Quiero un castaño.
—Perfecto, un tono castaño se te vería genial.
—Ay gracias cuñada, sin ti no lo hubiera podido lograr, gracias por convencer a mi hermano estoy segura de que cada prenda que elegiste esta sensacional—muestra una sonrisa de agradecimiento.
De pronto mis ojos se dirigen instantáneamente hacia Santorell, quien está sentado justo en la sala de espera, él está trabajando desde su Tablet, sin embargo, se ha tomado un segundo para verme fijamente.
Pestañeo un par de veces antes de volver a poner atención a Carolina quien está dando indicaciones al estilista.
Dos horas más tarde…
—Te ves preciosa Caro—sonrío admirando su belleza.
—Aunque no puedo verme estoy segura de que si, debes ser muy bonita para que seas la esposa de mi hermano, lo digo porque sé sus gustos, confiando en eso sé que sabes de moda.
Bueno en algo tiene razón porque a pesar de ser una mujer de clase media, sí sé de moda y gustos finos eso es porque Cesar me enseño algo sobre las clases sociales. Como sea asiento con una sonrisa.
—Por cierto, ¿Por qué estando aquí no aprovechas en comprarte un celular? —ella expresa con inocencia.
¡Rayos! Eso no debió decirlo, con temor miro a Alfredo quien a pesar de estar un poco desconcertado me mira esperando una respuesta de mi parte, quiero decir algo pero mi lengua se traba tan a fondo que no logro hacerla hablar.
—MI amor ¿De qué celular habla mi hermana? —a pesar de su tono de voz amable con tono de sospecha, su mirada atenta y fría me hace dudar.