—¿En serio? —Hay mucha comida. Muevo las manos nerviosas, probablemente lo hago porque no quiero estar con Samuel a solas y qué me pregunté sobre lo que escuché. Zach por su lado, parece sorprendido, pero luego sonríe. —Si no es molestia, yo encantado. Samuel suspira. —Haz lo que quieras. Y eso hacemos. La mesa está servida y el ambiente, para mi sorpresa, no es incómodo. Zach es agradable, tiene sentido del humor, y logra mantener una conversación sin esfuerzo. —Así que es enfermero —digo mientras sirvo un poco más de ensalada—. ¿Siempre supo que quería dedicarse a eso? —Más o menos. —Zach se encoge de hombros—. Mi madre fue enfermera, así que crecí entre hospitales. Supongo que me acostumbré al olor a desinfectante antes que al del café. Sonrío suavemente. —Yo trabajé en un

