Samuel… A veces me pregunto si en alguna vida pasada hice algo terrible para merecer la paciencia de Rob. No ha pasado ni una hora desde que amaneció y ya está en mi sala, de pie, con esa sonrisa que provoca ganas de lanzarle algo. —Te traigo noticias —dice, como si fuera un mensajero celestial. Levanto la vista del portátil. —¿Murió alguien? —No, pero Nyla ya está trabajando. Mis dedos se detienen sobre el teclado. —¿Qué dijiste? —Está en Atelier —responde con aire triunfal—. La dejé en Recursos Humanos, por ahora. Pensé que así podrías observarla. —¿Observarla? —repito, aunque ya sé a lo que se refiere. Rob me lanza una mirada divertida. —No te hagas el santo. Tienes acceso a las cámaras de seguridad del edificio, así podrás observarla cuando esté trabajando, Recursos Humanos

