Se detiene frente a dos cajas y las señala. —Aquí están tus cosas. La miró y luego a las cajas, ella se aleja dos pasos y yo me acercó dudosa. Me arrodillo, las abro y puedo ver que ahí está mi ropa, vestidos, blusas, jeans y mis zapatos, solo hay eso. Ni mis tazas favoritas, ni mis utensilios de cocina, ni el juego de sábanas que pagué yo, ni la cafetera que escogí yo, ni el cojín bordado con mi inicial que encontré en oferta. No hay nada más que solo ropa…ropa. Alzo la mirada. —¿Y lo demás? —pregunto. Se cruza de brazos, satisfecha. —Lo demás es de Currie. El departamento está a su nombre. Los muebles también. Todo. Además… —cruza los brazos —. No sé que es lo que estás pidiendo, ya está viejo. No vale la pena. Ah. Viejo. Claro. Supongo que es así como lo ve ella, que solo s

