La luz de la mañana me dio directo en la cara como una bofetada cálida que te dice, felicidades, sigues viva, ahora levántate. Me removí en la cama hecha un burrito humano, gruñendo como si el sol me hubiera insultado personalmente. Pero no había nada que hacer. Hoy era mi segundo día trabajando en Atelier, y aunque el nombre sonaba a boutique francesa carísima, actualmente yo no era diseñadora estrella ni musa del glamour… no, señor. Yo era la nueva chica de Recursos Humanos, el único título elegante tenía era él que decía que estoy arpendiendo a clasificar y archivar papeles mientras no muero en el intento. —Hoy será un buen día, Nyla. Tú puedes con todo. Incluso con… Samuel. Sí, él. Samuel Donovan, el hombre que ayer juré mentalmente ahogar con una almohada si lo volvía a ver respir

