Arturo White Con pasos lentos me dirigía hacia el campo de golf del señor Braulio Collins. El había cerrado el campo pues quería jugar en paz, o algo así había dicho. Yo era su actual mano derecha, todo lo que el pensaba, quería o planeaba era hecho meramente por mi. Golpeaba la pelota de golf con su palo lanzando una risa totalmente alegre dejando ver las arrugas en su rostro, el estaba en sus sesenta, ligeros brillos griseados se pintaban en su cabello castaño. —¡Que buen tiro! —reía emocionado celebrando. Al verme con su mano derecha hizo que su mayordomo se retirase, yo solo me coloque a su lado. —¿Y bueno? ¿La mataste? —Ella se suicido. —¿Se suicido? —aquella noticia pareció alegrarle— mejor, aunque bueno ahora solo debemos encargarnos del abogado. —Esta en el hospital —agregu

