Melanie. —El bebé está estable. Solo fue un desmayo por el impacto emocional y el estrés. Podrá marcharse en unas horas, tan pronto como descanse y se hidrate adecuadamente. La voz autoritaria del médico me trajo de vuelta a la realidad. Abrí los ojos, la visión borrosa, la cabeza palpitando y una sensación profunda de desorientación. Sentí una presión cálida en mi mano. —Amandus. —Melanie. —Lo vi. Su rostro, normalmente impenetrable, estaba marcado por una preocupación genuina. Me ayudó a incorporarme con una ternura que contrastaba con su naturaleza. —Estaba muy preocupado. —¿Cómo está nuestro hijo? —Mi mano fue directa a mi vientre. Era mi única prioridad. —Fuerte. Un pequeño guerrero. Todo está perfectamente bien. Te desmayaste por el impacto de la noticia. —Qué alivio. —Acarici

