Andrea Después de la llamada de la madre de Christopher, los nervios comenzaron a emerger de mi interior, retorciéndose como serpientes. No podía dejar de pensar en cómo sería enfrentarme a ellos, especialmente después de todo lo que había pasado con Sarah. Mi mente estaba en una vorágine de preocupaciones. —¿Estás seguro de que tengo que ir? —pregunté por enésima vez, haciendo un mohín con los labios, tratando de esconder mi ansiedad detrás de una sonrisa nerviosa. Christopher se acercó a mí, sus ojos llenos de ternura y comprensión. —Mi amor, si no quieres ir, no vamos —dijo, su voz suave como una caricia. Puso sus manos sobre mis hombros, transmitiéndome una calma que solo él podía darme. Habíamos pasado un día increíble juntos. Chris me había llevado a sus lugares favoritos en la

