¿Acaso me lastimaré con mis uñas?

2347 Words
Cierro los ojos con torpeza empiezo a dar un paso y luego otro aunque no puedo doblar el pie del dolor. —¿Por qué no me dejas que te ayude? —quiere saber Julián. —Porque... porque ¡me siento bien! es solo que estoy fingiendo dolor... ¡asi es! Me mira , si me hubiera salido una tercera cabeza, incluso me tocó por si acaso. —¿Qué persona finge dolor? tienes el Incluso el tobillo hinchado. — Pero estaré bien... en serio —comento y me voy alejando, parezco una viejita renga, perdóneme las viejitas. Siento la mirada de Julián detrás de mí nuca, pero aún así no me giro. Me siento avergonzada, y llegó detrás de la cocina. Me siento en la primero que veo: en un cajón de verduras desgastado, de pronto veo a Melisa acercarse a mí con un hielo. —¿Por qué no dejaste que te ayudara? —quiere saber. Yo misma quiero saber la misma respuesta, pero tampoco iba a dejar que viera eso. —Tengo la media rota, en el cual se me sale el dedo gordo. —Ahora entiendo. Pero seguramente lo hubiera entendido: tal vez te hubiera regalado un par de medias —comenta divertida y yo la miro entrecerrando los ojos. Hoy día no me había parecido la más cuerda, aunque no pude evitar reírme. —Estás loca —comento. Ella asiente y se encoge de hombros. De pronto puedo sentir unos pasos ajenos a ella, Julián ingresa por la cocina después de ser arrastrado por mi amiga. La quiero asesinar o más. Pero de igual forma no lo hago, puesto que la misma me había quitado la media antes de salir. Yo todavía no había entendido, porque había hecho eso...ahora sí lo entiendo. — Ya luego está muy hinchado, creo que mañana, si quieres te puedo llevar con un amigo que es especialista en esto. —Estaré bien, seguramente iré a una salita de emergencia o algún hospital —comentó. —Puede ser. Pero de igual forma no quiero dejarte así lastimada. Veo preocupación en su rostro y no puedo evitar lanzar una risita, tal vez de verdad... pero no dice nada. Empieza a tantear la zona y yo no puedo evitar chillar de dolor. —¡Eso duele! —¿Por qué no querías que te revisara? —pregunta confundido. —Es que tenía una media con un agujero en el dedo gordo —¿De verdad? —pregunta divertido. Entonces hace algo que me sorprende, se quita el zapato costoso que tiene en el pie derecho y me muestra una media con un agujero en el mismo lugar que el mío. —No hemos descuidado con esas cosas también. No te preocupes si no te avergüences de quién eres. Tal vez hoy en día no tengas para comprar un par de medias. Pero más adelante quién sabe —comenta. Me siento reconfortada con su voz. No puedo evitar, acercarme y tomarlo del rostro y besarlo. Sus labios, saben también que me quedo idiotizada unos leve segundos, su lengua empieza a curiosear dentro de mi boca, encontrando cada . y rincón nuevo. Mis labios muerden el suyo inferior, profundizando el.beso. <<Me siento en las nubes>> —¿Estás ahí? —me pregunta Julián, muy cerca de mí. Yo estoy mordiendo mis labios y chupandolos , si fuera una loca mi labio inferior. —Lo lamento... es que me duele —comento saliendo de mi ensoñación. Había sido tan real: incluso había sentido sus labios sobre mi. —Está bien, me da pena dejarte así. ¿Tienes a alguien que pueda venir a buscarte? Niego a decir verdad soy una persona bastante solitaria. —Pues, te compraré una crema y vendré, una desinflamatoria ¿quieres? —me preguntó. —¿Por qué? —pregunté. —¿Por qué, qué cosa? —¿Por qué te preocupas tanto por mí? —Quiero saber algo confundida. —Porque me haces recordar mucho a mi hermanita, la misma siempre era un poco descuidado y siempre se lastimaba. <<Me vé , una hermanita>> —Ya veo. En cuánto sale por la puerta: mi pecho se desinfla. Una parte de mí, había tenido la esperanza y la estupidez de pensar que él se había fijado en mí; pero no... me ha visto , si fuera su hermanita. Cierro los ojos y me hago hacia atrás , pensando en que ese hombre jamás se podía fijar en alguien , yo. Suspiro frustrada, y muerdo mi labio inferior con unas lágrimas contenidas. —¿Qué ha pasado? —quiere saber Melisa con curiosidad, acercándose a mi lado. —Me dijo que soy , su hermanita pequeña —comento frustrada. —Oh, eso debe doler. Pero puedes cambiar esa mentalidad de parte del. Tal vez sea un poco más mayor que tú, por eso te ha dicho eso. —Tienes que demostrarle que eras una mujer hecha y derecha, que no eres una niña —propone Melisa. —Tienes razón. Es que soy una niña. —No sé, yo también pero tienes que demostrarle lo contrario. Suspiro, a pesar de que ella está hincada de rodillas, sus ojos están a mi altura por su altura. Acabo de hacer de una rima, me río divertida y Melisa me mira , si estuviera loca. —¿Ya enloqueciste? —me pregunta. —Lo lamento, es que aún me sorprende que seas tan alta. Ella pone los ojos en blanco y me saca la lengua. —Ya.. ya se lo de mi altura no necesito que me lo digas —comenta divertida. Se pone de pie y sigue trabajando cómo va por suerte el día no estaba tan ajetreado, porque la misma tiene que no solo atender a los clientes que yo debería atender, sino también los de Ana. Me pregunto: ¿Cómo le habrá ido a Ana en su cita? Hace mucho tiempo que no tenía una, incluso no me había mencionado nada, será por el hecho de que yo sigo enamorada del mismo chico hace tantos años verdad que no lo sé. Después de varios minutos de espera, los cuales me habían dado un sueño imperdonable, aparece Julián. El mismo carga una bolsa pequeña entre sus manos. —Lo lamento por la tardanza, lo que pasa es que la farmacia tenía mucha gente —comenta, toma una silla y se sienta a mi lado. Saca una especie de crema de la bolsa blanca, y yo lo miro aterrada. —¿Eso me va a doler...? Quiero saberlo. —Sí, seguramente —comenta , si nada y yo lo miraba más sorprendida. Muerdo mi labio inferior, y alejo el pie Cada vez que él acerca su mano con la crema. No quiero que me duela, tengo terror —¡Me va a doler! —Tranquila. —¡No! ¡Me va a doler! —chillo más fuerte. Empiezo a chillar , si fuera una loca, él se ríe. Y de pronto toma mi pierna entera, la cual por fortuna no tenía ni un vello y estaba suave. Orgullosa de mi piel sedosa, dejo que él ponga su mano sobre ella. Entonces el empeine, se estira intentando no ser alcanzado por su mano. Tarde, siento la crema deslizarse por mi piel seca, y lo miro con sorpresa: es bastante relajante. —Me gusta —comenté con sinceridad. Él asiente y sigue desparramando la por mi pie lastimado. Coloca un par de vendas y finalmente al parecer mi pie está listo. —Vas a tener que pedirte un descanso. —Sé que tengo que pedirme el día, pero no puedo dejar a mi amiga sola, porque Ana está en una cita y yo pues estoy averiada —comentó con torpeza. —En realidad no puedes. Si quieres yo la ayudo. En cuanto dijo estas palabras lo miré con sorpresa, nunca hubiera imaginado un ginecólogo atendiendo mesas, no es que te estoy discriminando a las personas que atendemos mesas: sino que es un poco divertido. Una hora más tarde, me encuentro sentada en una silla. Nahuel había entendido mi situación no obstante, había aceptado la ayuda de Julián. El mismo parece que había nacido para todo, incluso a nahuel le había encantado la idea de tenerlo de empleado puesto que el lugar se llenaba de mujeres gustosas por verlo. Aunque a mí: no me agrada del todo, mis celos se despertaban con furia y lo peor de todo era que no podía hacer nada porque estaba inmóvil en el rincón. Algo aburrida y estresada empecé a tomar mi teléfono mandándole mensajes divertidos a Ana para ver si me contestaba. Mensaje de Gisel: "¿Estás teniendo cositas con el chico?" "¿Te depilaste?" Unos minutos más tarde: la misma susodicha aparece por la puerta. Ana. Tiene el semblante triste, y en parte me da pena haberle enviado todo esos mensajes divertidos. —¿Qué pasó? —pregunto algo preocupada, su rostro serio y triste cambia a preocupado. En el momento que ve mi pie vendado: se acerca a mí. —¿Que te ha pasado? —quieres saber acercándose a mi. —Pues nada, sabes cómo soy de torpe simplemente me caí y me doblé el pie ¿Y a ti qué te ha pasado? ¿por qué tienes ese semblante triste? Quiero saber. —Pues, no ha salido la cita , siempre. Nunca me salen las citas a mí y lo sabes —comenta con un dejó de tristeza y yo me siento mal por ella. Ana era de las mujeres más especiales que había conocido. Me daba mucha bronca y enojo; que la mayoría de las personas solo a la viera , la gordita. —Pues... ese sujeto se lo pierde —comento con sinceridad. Ella me sonríe , aunque esa sonrisa: no llega sus ojos y se da la vuelta dispuesta a seguir trabajando. Mi ginecólogo, una hora después de ser mesero improvisado: se quita el delantal y se acerca a mi. —¿Quieres que te lleve a tu casa? —Quieres saber. <<Llévame al paraíso hermoso>> —Gracias, pero me iré con las chicas. Ya termina nuestro turno. — Bueno cómo ha sido un placer servirle. Yo me río divertida, y extiendo mi mano , si él fuera un caballero , la toma y finge depositar un beso en ella. —¿De verdad me ves , tu hermanita? —pregunto intentando que negara eso. — Claro, y puedes ser mi amiga —comenta y se aleja. La emoción que había sentido necesitan te, se desinfla y hago un puchero triste debido a que se va. 5 Gisel, se encontraba en este día lluvioso cubierta de cobijas. La verdad es que no le había parecido levantarse dela cama, y a pesar de ser primavera y hacer calor: en ese día había sido en particular nublado y gris. Podía ver las sombras de las ramas a través de la ventana, alguna brisa se colaba: haciéndola extremecer. Las sombras, le daban un poco de miedo. Ya que estaba sola en su casa, a pesar de tener unos buenos padres amorosos... los cuales se preocupaban por ella, ella había optado por independizarse vivir sola. Tenía un solo hermano, el cual estaba felizmente casado y ya tenía más de 30 años. Ella, se encontraba cubierta, y con el corazón pensante. No podía quitar la sonrisa de Julia antes del día anterior, estaba en un día domingo gris y húmedo. De pronto, escuchó su teléfono de reojo. Puedo ver la luz palpitante y el sonido vibrante le hicieron despabilar, sabiendo que tenía que levantarse con las pocas fuerzas que tenía de hacerlo. Se sentó sobre el mudillo colchón, el cual ya tenía algunos años de existir. A veces Incluso se clava uno que otro resorte, de pronto escucho las palabras de Melissa, y con las mejillas muy sonrojadas y el corazón palpitante: se dio cuenta que no sería tan mala idea. Ella nunca se había explorado así misma, y sería de las primeras veces que lo haría. Suspiro, pensando que esa idea era una locura, ni siquiera tenía ningún aparato que le pudiera ayudar para autosatisfacerse. Se volvió a recostar en la cama, con bastante curiosidad respecto a su propio cuerpo. Bajo su ropa interior, y empezó a explorar la parte externa: sintiendo la suavidad de su piel y animándola a seguir bajando los dedos curiosos; los cuales podía sentir con sus uñas, un poco largas. <<¿Acaso me lastimaré con mis uñas?>> Un dedo: empezó a ser deslizado con suavidad sobre su clítoris. Entonces ella cerro los ojos, extasiada por la nueva sensación que había experimentado. Más que otra vez... algún roce y orgasmo nocturno le había hecho entrever lo que era el mundo del placer. Pero nunca antes, ya sea por vergüenza o por temor había procedido a hacer eso. En cuanto lo hizo, no se arrepintió en ningún momento. Siguió acariciando en círculos una y otra vez, hasta que su zona empezó a humedecerse: tanto que incluso se atrevió a más. Sus dedos pícaros, empezaron a deslizarse entre su v****a. Ella empezó con un dedo y con algo de miedo lo introdujo. Ella abrió los ojos con sorpresa, porque nunca había pensado que podía llegar a tener está sensación, lo sacó, y luego lo introdujo de nuevo. Después de unos minutos de tener centrada su pasión, en el clítoris. También gemía cada vez que entraba y sacaba un dedo. Se da cuenta que sería buena idea ingresar un dedo más, tal vez entre. Así lo hizo, empezo a embestir con sus dos dedos: su v****a virgen, la cual ahora, se pone a pensar que tal vez no iba a ser virgen. No lo sabía con exactitud, solamente se vio envuelta en el placer. Ya pronto, una llamada la distrae. Toma su teléfono con su mano libre, el que había dejado de penetrarse una y otra vez; con su mano para concentrarse solo en su clítoris. Atiende, y no puede evitar soltar un gemido de placer en el momento que lo hace.
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