Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho veces he visto el sol salir y esconderse, son los mismos días que llevo aquí encerrada, una ventana sucia es mi única luz, veo mis manos y están llenas de sangre, he intentado romper el vidrio pero es imposible, parece un cristal bastante fuerte. No entiendo por qué estoy aquí, no me dice nada, solo escucho pasos afuera de un lado para otro, al parecer se debate entre lo moral y la locura. -Mateo por favor sácame de aquí, necesito saber si mi hija está bien.- menciono apoyándome en la puerta, sé que él está ahí, siento como araña la madera.- -Te lo suplico, tengo sangre en mi vientre, sabes que me lastimaste con la navaja.- mencionó tocando mi herida, según veo no es nada superficial. Mi preocupación está en que no ha sanado, ya es un

