El nuevo contrato

1372 Words
Aquí estoy de nuevo en la gran compañía, al menos mi trabajo el día de hoy es en el turno de la tarde, el cual me pareció fabuloso, pude dejarle el almuerzo a mis hijos listo, también hice orden en la casa y estudié un poco. La tarde se pasa más rápido mientras estas ocupada, pero lo mejor es cuando el sol se esconde y todos se van, me pongo mis auriculares, música animada para iniciar la limpieza profunda. Llegó a las 8:05 al piso once, la soledad reina en el lugar, yo voy bailando y cantando, de inmediato comienzo con la limpieza de la oficina del señor Wilson, siempre licor regado en el suelo y bragas de damas, unos dólares están a la vista, creo que será la misma rutina. Pasé a la sala de juntas, hoy si fue utilizada por los dueños, hay tazas de café y documentos por todos lados, no sé si son importantes, de igual manera los organizo, logro ver que son balances así que lo hago por fecha, de más antigua a las reciente, organizo algunas carpetas, al ver que todo estaba limpio salí. Me quedaba una oficina, la cual es la más limpia de todo el edificio, aún así me esmero en dejarla reluciente. Me sorprendí al ver tres lápices color amarillo sobre el escritorio, aquí todo es blanco y n***o, eso en definitiva no cuadra, adicional estaban en desorden. Me acerqué y los tomé, abrí uno de los cajones, algunos sobres negros así que los puse dentro para que no se viera el amarillo, supongo que el señor Anderson no extrañará el color. Hice todo mi trabajo, me quité el uniforme y rápidamente salí del edificio, mis bellos hijos estaban afuera, venían acompañarme a casa. -¡Mamá!- -Bebés ¿qué hacen aquí tan tarde?.- mire mi reloj y era pasada las 10 de la noche.- -No dejaremos que vayas sola.- respondió Andrés quitándome el bolso, él lo llevaría sin vergüenza alguna.- Los tres caminamos a la avenida, tomamos el autobús a casa, creo que de esto se trata la felicidad, tener personas a tu lado que te protejan, que tú seas la prioridad. Cada día iba tomando el ritmo del trabajo, ya no me dolía tanto el cuerpo, creo que estaba haciendo algo bueno pues aún no me despedían, también había comenzado un especie de ritual, cada que iba a limpiar la oficina del señor Anderson algo estaba fuera de escena, yo me encargaba de ponerlo en su lugar, me parecía extraño pero jamás me reprocharon. Hoy se cumple mi primer mes, el día de pago ha llegado, me siento feliz por que es mucho dinero, me servirá para comprar algunos libros y ayudar un poco a la inicial del auto de mis hijos, pienso ir a un concesionario y sacar uno a crédito. Mi querido amigo Ángel cada día estaba más bello, sé que una fundación lo había bañado y vestido, ellos se dedican hacerlo por toda la ciudad, pude ver algunos rastros característicos de su juventud, tuvo que ser un hombre bello. -¡Caro!.- escucho a Jimena gritar, al parecer me busca, yo estaba cambiándome de ropa, ya era las 2:00pm, quise verme lo mejor posible, si voy a comprar un auto los vendedores deben querer hablar conmigo, no pretendo demostrar que soy una sin dinero.- Me puse un pantalón de tiro alto negr0, las botas eran pitillo, un top blanco que mostraba un poco de mi abdomen, me puse un gabán beige encima, bolso negr0 igual que mis zapatillas, revisé mi cabello y maquillaje. Jimena llegó a mi lado, se ve que venía corriendo, pues estaba corta de respiración. -¿Qué pasa Jime?- -Es Carmenza… ella.- mencionó sentándose.- -¿Qué pasa con ella?- -Te busca.- -¿A mí?.- -Si amiga, me pidió que no te dejara ir, quiere que pases por su oficina.- -Seguro me despedirá, como tú dices nadie dura más de un mes.- mencioné con algo de decepción.- -Lo siento mucho Caro, en verdad te convertiste en mi mejor amiga.- mencionó tomando mi mano.- -Es mejor darme prisa, quiero llegar a casa.-mencioné tomando mi bolso, saldré de esto rápidamente.- Tome el ascensor dirigiéndome hacia Carmenza, sé que a penas llevo un mes aquí pero siento que extrañaré todo, algunas personas son amables conmigo, hice buenos amigos, también están los que me detestan pero sé que no soy moneda de oro para agradarle a todo el mundo. Frente a la puerta de Carmenza suspiré profundo e ingresé, ella estaba hablando por celular, me pidió que me sentara y la esperara, yo así lo hice. Ella hablaba de mil cosas a la vez yo solo me concentré en un pisa papel, era un recuerdo de Miami, mientras me perdía en los colores del mar la escuché decir mi nombre. -Carolina menos mal no te habías ido, quería hablar contigo.- -Aquí estoy, dígame qué pasa.- -Primero quiero darte tu cheque, como verás hoy es día de pago, son 4 mil dólares como lo acordamos.- mencionó entregándomelo, me dio alegría ver mi nombre grabado.- -Muchas gracias.- -Ahora necesito que me acompañes al piso once, el señor Anderson quiere hablar contigo.- -¿Conmigo?- -Si, vamos rápido.- mencionó saliendo, yo iba detrás de ella, no entendía lo que pasaba, el mismo señor Anderson me iba a despedir estoy segura.- Llegamos al piso once, por fin veía a las secretarias, mujeres salidas de una revista de modas, delgadas y elegantes, las veía correr de una lado a otro. -Carmenza el señor Anderson la espera desde hace cinco minutos, sabes que no le gusta esperar.- mencionó la secretaria, según veo en su gafete se llama Cynthia.- -Lo sé, le pediré disculpas.- Seguimos caminando, dos toques a la puerta, escuchamos un adelante, mis nervios estaban a flor de piel, hoy conocería el hombre con un grave problema de orden y pulcritud. -Señor Anderson quiero pedirle disculpas por…- -No quiero sus disculpas Carmenza igual la falla está, salgamos de esto rápido.- mencionó el hombre sin levantar la vista, estaba sentado en su escritorio, no tenía su saco puesto, solo una camisa blanca con tirantes y corbata azul.- -Claro señor, aquí está Carolina, me pidió que la trajera.- Sentí como me tomó del brazo y me lanzó adelante de ella, el hombre levantó la mirada, creo que quedé sin aire, su rostro era una dilema, había belleza pero a la vez prepotencia, ojos negr0s, cabello negr0 igual que su barba, el tono de piel es canela muy llamativo. Mientras me observaba de arriba abajo giraba un anillo en su mano, no sabía qué decir así que mejor no hable. -¿Tú eres la que limpia mi oficina?- preguntó -Si señor.- respondí.- -¿Cree que hace un buen trabajo?- -Lo hago señor, pero sé que aún debo mejorar.- Él seguía observándome, no sé qué es lo que quiere, parece una máquina de rayos X. -Carmenza haz que la mujer firme el nuevo contrato, trabajará exclusivamente en este piso.- -¿Aquí señor?- preguntó Carmenza intrigada.- -¿No escuchaste?- mencionó el hombre con el ceño fruncido.- -Claro señor, como ordené.- Carmenza me tomó del brazo para sacarme de la oficina, el hombre volvió a bajar su mirada, los documentos en su mesa eran más importantes, no hacía falta despedirme. La secretaria se acercó, me entregó un horario, yo lo revisaba sin perder atención. Decía que ahora mi entrada era de 9:00am hasta las 8:00pm me iba a oponer radicalmente pero Carmenza me dio una gran noticia.- -Te pagarán 7.500 dólares mensuales Carolina ¿estás bien con el pago?- preguntó -Si… claro que si.-eso es mucho más que las personas administrativas del lugar, inclusive superior a el salario de Carmenza.- -¿Por qué me pagarán tanto?- pregunté -Niña creo que no entiendes en lo que te estás metiendo, estarás aquí a disposición del señor Anderson, no es fácil de manejar.- respondió Carmenza -¿Solo es limpiar todo el día verdad?- -Bueno será limpiar y servir bebidas, estarás a disposición de todo el personal del piso.- mencionó la secretaria.- Creo que di una vista al lugar, después de revisar bien el contrato firme, el dinero me servirá mucho, ¿qué malo puede pasar?.
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