La decisión más difícil
Andrés se sentó en su oficina, con la cabeza entre las manos y el peso de su decisión aplastándolo. Laura había sido clara: el bebé necesitaba estabilidad, y ella no estaba dispuesta a vivir en la sombra de su matrimonio con Elena. Pero Andrés sabía que terminar con Elena no sería solo un acto de liberación para ella; sería como arrancar una parte de sí mismo.
Esa noche, cuando llegó a casa, encontró a Elena en la sala, leyendo un libro que parecía absorber toda su atención. Pero Andrés sabía que era una fachada. Desde su enfrentamiento, había sentido la distancia entre ellos crecer como un abismo.
—Necesitamos hablar —dijo Andrés, rompiendo el silencio.
Elena cerró el libro lentamente y lo miró, su expresión tranquila pero con un brillo de dolor en sus ojos.
—¿Sobre qué?
Andrés se sentó frente a ella, sintiendo que las palabras se atascaban en su garganta.
—No quiero seguir haciéndote daño.
Elena lo observó, su rostro impenetrable.
—¿Qué significa eso, Andrés?
—Significa que… creo que lo mejor es que terminemos.
Elena se quedó en silencio, como si las palabras no hubieran llegado a ella. Luego, se levantó y caminó hacia la ventana, mirando la ciudad iluminada.
—¿Es por ella? —preguntó finalmente, su voz apenas un susurro.
Andrés no respondió de inmediato. Sabía que cualquier respuesta sería insuficiente.
—Es por ti —dijo al fin. —No quiero que sigas sufriendo por mis errores.
Elena se giró hacia él, con una mezcla de incredulidad y rabia en su rostro.
—¿Por mí? ¿Crees que esto me hace menos daño?
Andrés intentó acercarse, pero Elena levantó una mano, deteniéndolo.
—No me des excusas, Andrés. Si quieres irte, hazlo. Pero no me digas que es por mi bien.
Las palabras de Elena lo golpearon como un puñetazo. Sabía que tenía razón, pero también sabía que no podía seguir viviendo en esa mentira.
—Lo siento —murmuró, antes de salir de la sala, dejando a Elena sola con su dolor y su furia.