Lunes por la mañana… y el peso del mundo parece estar justo sobre mi pecho siento que todo va a acabar conmigo. Las miradas, los murmullos, la presión de estar en ese salón donde cada palabra suya puede salvarme o destruirme. El licenciado Damián … parece decidido a llevarme al límite, a exigirme más que a nadie, a señalar cada error como si disfrutara verme tambalear
Y aun así…
Lo único que me sostiene es saber que lo voy a ver, es absurdo, es contradictorio, es casi masoquista, pero en medio de su severidad, de su tono firme, de esa manera fría con la que me corrige delante de todos, existe algo más. Algo que nadie nota, una fracción de segundo donde nuestras miradas se encuentran y el mundo deja de hacer ruido
Y por ese segundo…
Somos solo él y yo, sin pupitres, sin reglas, sin universidad, sin “licenciado” ni “alumna”
Solo dos personas sosteniendo una tensión que amenaza con romperlo todo, caminan por los pasillo intentando convencerme de que esto no puede terminar bien. Que jugar con fuego siempre deja cicatrices, pero mi corazón no escucha razones, late fuerte, traicionero, ansioso
Porque aunque diga que él quiere acabar conmigo… la verdad es que soy yo quien se está dejando caer
—En verdad ese hombre nos quiere matar —susurró Gloria, dejando caer la cabeza sobre el pupitre como si ya se rindiera ante el destino, y por primera vez en la mañana… no exageraba
—Tienes toda la razón —confirmé, mirando al frente mientras él escribía en el tablero con esa calma que solo tienen las personas que saben el poder que ejercen sobre otros
Demian no levantaba la voz, no necesitaba hacerlo
Su presencia bastaba para tensar el aire, cada paso suyo por el aula era una sentencia, cada pregunta lanzada al azar una bala perdida que siempre parecía rozarme a mí
—Te mira mucho —volvió a murmurar Gloria, inclinándose hacia mí, sentí el calor subir por mi cuello, poniéndome nerviosa
—No digas tonterías…— pero sabía que no eran tonterías, porque cuando él giró ligeramente el rostro y nuestros ojos se encontraron… no fue una mirada de profesor a alumna
Fue algo más peligroso
Más directo
Más consciente
Y en ese instante entendí algo que me dio más miedo que cualquier examen: no era que él quisiera matarnos con tareas y trabajos imposibles. Era que yo estaba empezando a querer que me mirara así… aunque eso significará destruirlo todo
Cuando todo terminó —si es que a eso podía llamársele “terminar”— no sentimos alivio, sentimos condena
El salón quedó en silencio, pero no era paz… era el silencio pesado de quienes saben que la tormenta apenas comienza. Demian dejó el marcador sobre el escritorio con una calma casi cruel y, sin inmutarse, empezó a enumerar:
—Ensayo para el miércoles
—Proyecto grupal para la próxima semana
—Exposición individual
—Lectura obligatoria, capítulos completos
Cada palabra era un golpe seco contra nuestra poca esperanza de vida social
Gloria me miró con los ojos abiertos como platos
—Te lo dije… nos quiere matar —susurró dramática
Y esta vez no pude ni defenderlo porque sí. Demian tenía esa forma metódica de exigirlo todo, no gritaba, no sonreía mucho, no hacía bromas. Solo observaba y pedía más. Siempre más, mientras guardaba mis cosas, lo vi acomodar unos papeles. Su expresión era impecable, casi fría
Profesional. Inalcanzable
Pero cuando levantó la mirada y se cruzó conmigo otra vez… hubo algo distinto
No era dureza
Era intensidad.
Y eso fue lo que realmente me asustó porque las tareas podían agotarme, pero esa mirada… esa podía destruirme
—¿Te vas conmigo? —preguntó Gloria, colgándose el bolso al hombro con esa mirada de mierda
—No sé todavía… debo ver lo que te dije de la nueva materia —respondí, intentando sonar casual. Pero no era casual
Si no tomaba esa materia ahora, perdería medio año, medio año de esfuerzo, medio año de mi vida y yo no podía darme ese lujo.
Gloria me miró con esa expresión de “sé perfectamente lo que estás haciendo” aunque todavía no pasara nada
—Ajá… la nueva materia —repitió, alzando una ceja—. Claro, la ignoré o al menos lo intenté
Porque la verdadera razón por la que mis pies no avanzaban hacia la puerta no tenía nada que ver con créditos académicos, tenía nombre. Demian
Levanté la vista una vez más, solo una… y ahí estaba él, recogiendo sus cosas con esa calma que parecía desesperante. Su camisa ligeramente arremangada, el reloj ajustado en su muñeca, la mandíbula marcada cuando apretaba los dientes concentrado.
Una mirada de más, solo una
Y mi mundo se encendía al cien por ciento el aula se vaciaba, las voces se alejaban, pero para mí solo existía ese espacio entre él y yo. Como si el aire se volviera más denso, más eléctrico o por lo menos por este día de clases… mi universo giraba en torno a esa mirada que jamás debería buscar
Segui caminando entre las bullas de los demás saliendo de las aulas, la vida de los universitarios cada dia va peor, o por lo menos así la veo yo, cuando entre a la universidad estaba metida en ideas y eso me gustab, tenia claro la vida: trabajo, estudio y pasarlo bien
Hoy no hay nada de ello, en caso, no, estoy trabajando medio tiempo en un bar por las noches y eso no quiere decir que no tenga más opciones, pero mi universidad y los estudios me dejan sin tiempo, así, como Demián los demás licenciados, nos odian a full, llego al baño de mujeres y dejando la tensión de hace rato
No debería
No estoy a su nivel
No corazón, aqui no... pero aun así, desde hace dos meses este hombre me enloqueció, si, me dejo la triste verdad en la que vivo, una mentira constante, miento a mi madre, miento a mis amigos, aunque ellos ya saben algo me tiran la puya pero no les hago caso
—¿En qué nos estamos metiendo, Alex? —me dije frente al espejo del baño, mirándome como si pudiera encontrar cordura en mis propios ojos—. Sabes que está casado. Es tu licenciado. Es mayor. Y sobre todo… las miradas no dicen nada, nada
Las miradas no son promesas
No son declaraciones
No son amor
Son imaginación
Y yo me estaba ahogando en la mía porque ¿qué pruebas tenía? ¿Una pausa más larga cuando me respondía en clase? ¿La forma en que a veces sostenía mi mirada medio segundo de más? ¿O esa manera en que su voz parecía suavizarse cuando decía mi nombre?
Eso no significa nada Alex, nada de nada
Y sin embargo… aquí estoy
Enamorada como una loca de un hombre inalcanzable
De un hombre que pertenece a otra vida
A otra mujer
A otra historia donde yo no existo
—Estás confundiendo atención con amor —susurré, apoyando las manos en el lavamanos—. Te gusta porque no puedes tenerlo, porque es prohibido, porque es peligroso
Porque duele y tal vez eso es lo que más me asusta… que no me esté enamorando de él, sino de la idea de perderme en algo que jamás será mío, jamás