Ramnusia me salvó de una muerte segura. Con su espada decapitó a uno de los monstruos, que, mientras yacía sin vida en el suelo, tuve tiempo de contemplar en detalle. Su tez era oscura, era escuálido y sus costillas protuberantes asomaban demasiado de su tórax. Tenía un par de alas enormes y fuertes como si fueran membranas, sin plumas, a diferencia de los dioses. Sus piernas flacuchas terminaban en pies con dedos, unidos por una membrana, demasiado grandes comparados con los de los humanos, con garras preparadas para capturar a su presa. Sus manos con dedos alargados, también con membranas, terminaban en garras, aunque un poco más pequeñas, y su rostro, que ahora permanecía escindido del cuerpo, había quedado con la boca abierta, donde podían observarse los dientes puntiagudos como colmil

