Volteé en mi cama. La alarma aún no había sonado. A pesar de estar recostada, la cabeza me daba vueltas. ¿Qué había soñado? Adriano estaba en mi sueño, estaba segura. Venía a buscarme y salíamos a pasear al bosque… Sí, a ese bosque. Hice un esfuerzo por recordar. Nos adentramos en ese bosque y allí estaba él. ¡Oniros! ¿Lo había soñado más veces de las que recordaba? ¿Qué había querido decir con eso de “deja que me encargue de ello así no puedes recordarlo en la mañana”? Mi mente me estaba volviendo loca. Necesitaba hablar de nuevo con la terapeuta, así que le envié un mensaje para ver si podía verla antes de nuestro turno agendado. “Hola, Angelica. Disculpa que te escriba a estas horas de la mañana, pero de verdad necesitaría verte lo más pronto que puedas. Gracias. Abigail.” Esperé a

