Posteriormente de una noche intensa con las predicciones confusas del Chamán. El cantar de los gallos que como que hicieran un concurso de canto, sin tregua alguna, unto tras otro, hasta despertar a los habitantes del sitio, que más alarma que ellos, Isabelle se estira en la incómoda cama, que si se mueve rechina amenazando desarmarse. Se levanta con la misma rutina desde que está en ese sitio, pero una sonrisa se le forma en su rostro al recordar que es el último día que estará ahí. Los ánimos vuelven nuevamente a ella, después de arreglarse se fue a la habitación de Cloe, quien por una extraña razón la pequeña no está en su cama, es raro porque ella suele levantarse tarde. Se imaginó que talvez Cloe se quedó durmiendo con su padre, se apresuró al llegar al comedor para desayunar y cump

