POV. ADRIÁN El teléfono comenzó a vibrar sobre mi escritorio. Una vez. Dos. Tres. No necesitaba mirar la pantalla, sabía perfectamente quién era. Suspiré antes de contestar. —Alessandro… —No me dejó terminar. —¿Cómo pudiste hacerme esto? —No gritó. Y precisamente por eso dolió. Porque Alessandro De Luca solamente bajaba la voz cuando estaba verdaderamente decepcionado. Apoyé los codos sobre el escritorio y cerré los ojos. —N-no… Alessandro no hice nada. —¡Toda Italia está viendo fotografías tuyas! ¡Con mafiosos! ¡Toda Italia está hablando de mi familia! —No fui yo. —¡Pero ocurrió bajo tu responsabilidad! ¡Y eres tú el de las fotos, Adrian! No seas descarado. Aquellas palabras me atravesaron como una cuchilla. Responsabilidad. Qué palabra tan sencilla. Qué palabra tan pesada.

