Debes despertar. Mirar al frente y continuar. Debes ponerte de pie, erguir la cabeza y demostrarle al mundo que nada puede detenerte. Eres una guerrera, o al menos eso te dijeron. Se hacía tarde, y odiaba llegar tarde. Desperté y me recosté sobre la orilla de la cama. Las vacaciones de primavera habían terminado. Era hora de verles la cara de nuevo a mis compañeros de clase. Volvería a ver a mis amigos. Pero yo no quería verlos. Estaba resentida, por ese asqueroso cumpleaños que recién acaba de pasar. Los culpaba a ellos, aun a sabiendas de que no era para nada su culpa. Planeaba llegar al salón e ignorarlos a todos. Sin embargo, de sobra sabía que ese maldito resentimiento no me duraría ni dos minutos. Y así fue. Al entrar al salón lo primero que recibí, fue un fuerte abrazo sorpre

