Observar el techo del consultorio médico, se había vuelto habitual desde mi infancia. Me quedaba acostada en el sillón de la sala con la cabeza hacia atrás esperando que la consulta terminara. Aquel día, no fue la excepción. Me revisaron y me pusieron oxígeno. Poco a poco pude volver a respirar con normalidad. ─Tuviste suerte ─me dijo Pedro, quien en aquellos años solo era pasante de medicina. Su padre, quien era mi médico de cabecera, checaba el oxígeno que estaba conectado a mi por medio de un montón de cables─. ¿Qué hubieses hecho si mi padre no te hubiera llamado? ─ Hubiera muerto ─respondí secamente sin quitar la mirada del techo─, pensándolo bien, hubiese sido mejor que no llamaras, doc. El doctor se acercó hacia mi y me vio severamente. ─ Viendo que tu n***o humor a regresado,

