REALIDAD

2930 Words
Era mentira. Tenía que serlo. Era yo quien había muerto, esto era solo una maldita farsa. Sí, eso era. Era imposible que fuera real. De todas las personas del mundo, yo era una de las más inútiles ¿Por qué tenía que ser yo quien continuará con vida, en lugar de, él? «Fue mi culpa. Fue mi culpa. Yo lo maté. Fue mi maldita culpa» Me repetía una y mil veces. Estaba acurrucada sobre el sofá, mientras abrazaba mis rodillas y me mecía para calmar mis nervios.  «Es mentira. ¡Tiene que ser mentira! Los cielos debieron de haberse equivocado! Sí, eso es. Me regresarán a Ness, solo tengo que esperar» Es curioso, como a lo largo de mi vida, nunca me había comportado de manera tan acertada en el comportamiento de una persona "loca," como en aquella ocasión. Esperaba ver a mis compañeros de clase. Quería que, de alguna manera me hubiesen visto así. Quería retarlos y decirles «¡atrévanse a llamarme loca de nuevo!» Me había desmayado y mis padres me habían recostado en mi habitación. No me habían dejado sola. Cuando desperté, la mayor parte de mi familia estaba reunida ahí. Dicen que hice un berrinche horrible, el primero y único de toda mi vida hasta ahora. Que grité y abofetee a mi prima, empujé a mis sobrinos e insulté a cuantos pude. Fue, el verdadero y auténtico comportamiento de alguien loco. Sin embargo, no lo recuerdo. Recuerdo muy poco de aquel tiempo. Pero, lo poco que recuerdo, lo recuerdo con una claridad tremenda. Dicen que tuvieron que darme calmantes. Que me hablaban y no respondía. Que faltó poco, para que yo también muriera. No lo sé, tal vez eso pudiera ser posible. Mi mente seguía repitiéndose, una y otra vez; «Yo lo maté. Murió por mi causa. Soy una asesina» Dicen que comencé a decir eso en voz baja. Dicen que incluso ellos mismos lo creyeron. Dicen que parecía como poseída. Pero no, no lo estaba. Continuaba abrazando mis rodillas y meciéndome. Era el único mecanismo de defensa que tenía y lo agoté hasta donde pude. Ya era viernes treinta de octubre ¿Cómo es posible? No han pasado siquiera unas horas desde que él se fue. Tenía que ser una pesadilla, solo en las pesadillas, el tiempo transcurre tan rápido.  ─¿Mey? ─escuché que alguien me llamó, pero no respondí─. Iré a la escuela para avisar que hoy no asistirás ─levanté la vista, era Nina. Mi mente se volvió confusa. ─No, sí iré. Hoy saldremos temprano ─respondí instantáneamente. Me puse de pie y busqué mi ropa. Me vestí y salí. No desayuné, bueno, en realidad, no recuerdo haberlo hecho. Llegué al escuela y todo parecía transcurrir de forma normal. Los prefectos custodiaban la entrada. Yo entré sin problemas, como siempre. Llegué hasta mi salón, péro no recuerdo haber visto a ninguno de mis compañeros. Solo recuerdo, haberme sentado en mi lugar y haber sacado mi viejo cuaderno de matemáticas para despues, haberme puesto a garabatear. Estaba como ida. Mi mente no encontraba paz con nada. Volteé levemente hacia el otro lado del salón y vi al grupo más popular, riendo y jugando. Me dio rabia. ¿Cómo es posible? La vida de un ser tan maravilloso había terminado, y seres tan podridos y huecos, continuaban con su vida riendo y siendo felices. ¿Por qué? La vida debe continuar, lo sé, bueno, ahora lo sé, pero, sigo sin entenderlo. La vida se extingue en un instante. Se va. Se nos escapa, como el agua entre nuestras manos. No somos capaces de retenerla, podemos alargarla un poco, pero, tarde que temprano, terminará por desvanecerse. No me había dado cuenta, pero sin querer mi cuaderno había caído al piso y yo había dañado el pupitre al querer rayar en él. ─¿Qué te ocurre? ─me preguntó Pita, otra de mis amigas, sentándose en el pupitre frente a mí. Volteé a verla y su estúpida y fingida cara de preocupación me hicieron enojar. Quería decirle que se guardara su falsa preocupación. Que no la necesitaba, pero en eso llegó Charlotte. ─¿Te sientes mal, Mey? ─me preguntó. Su voz me sonó un poco más sincera. Sin embargo, yo no quería responder. Levanté mi cuaderno y me dispusé a continuar con mi rayadero. Roger, otro viejo amigo me tomó de la muñeca y me vio con lastima. ─¿Qué te pasa? ─me preguntó. No quería responder. Sabía que me echaría a llorar. Y no quería darles el placer de mi desgracia. Me quedé callada. No supe cuando, pero las clases comenzaron. Fingí todo lo que pude. Puse atención e ignoré todo cuanto estaba a mi alcance, pero, aun así, logré ver como, a pesar de no querer llamar la atención, era el blanco de todas las miradas, incluso de los propios maestros quienes, en más de una ocasión, me pidieron que fuera a prefectura por alguna pastilla. Estaba harta. Quería mandar todo al demonio. Estaba decidida en golpear a la siguiente persona que se atreviera a hablarme. ¿Por qué tenía que importarles mi comportamiento? ¿No habían sido acaso ellos, quienes me habían declarado como loca? Pues bien, me había vuelto loca al fin. Loca de verdad, con todo lo que eso implicaba, ¿Por qué demonios les causaba tanto interés? Faltaban cincuenta minutos, un módulo más y podríamos salir de clases. Volteé de reojo hacia mi izquierda y vi a Agustín, mi antiguo amor platónico. Lo vi concentrado en su cuaderno. Con su n***o cabello cayéndole sobre la frente y cubriendo sus ojos. Lo vi con cuidado. Él, había sido el único que aún no me preguntaba cómo me sentía. Tengo que admitir que, eso me llegó a decepcionar ligeramente. De todas las personas que se encontraban en el aula, a él, era a quien menos le importaba la vida de un adefesio como yo. Lo vi con cuidado, en verdad, ¿Qué era lo que me atraía de él? No era nada del otro mundo. Sí, lo admitó, era y es guapo, pero, no teníamos mucho en común.  «Tú, no me gustas. No puedes gustarme»  Me dije. Es simplemente estúpido. Confundí el cariño y tal vez la lastima, con algo más. ¡Que tonta fui! ¡Que tonta he sido siempre! En aquellos años, hubo una frase que, Nina siempre nos recordaba a Ness y a mí  "En este mundo tendrás dos amores. Uno será tu alma gemela el otro y el amor de tu vida." Ness siempre se burlaba de mí, a causa de ello. Decía que Agustín tenía que ser mi alma gemela porque, él sería el amor de mi vida. Pero, se equivocó. Agustín no podría ser nunca, ni mi alma gemela y mucho menos el amor de mi vida. Ese puesto, ha sido, es y será siempre, enteramente de Ness. Aparté la mirada y dejé escapar un suspiro.  «Tú no me gustas. ¡ya no! ¡No merezco a alguien como tú!»  Me dije entre dientes. Vi mi cuaderno, estaba húmedo. No me di cuenta, pero estaba llorando. «¡diablos! Esto no es bueno.» Fue algo instantáneo. Una tras otra, las lágrimas comenzaron a desbordar mis ojos. Traté en vano de reprimirlas. Habían pasado unos minutos desde que la campana había sonado. Podíamos salir, pero, mis compañeros se quedaron. Hundí la cara en el pupitre y la cubrí con mis brazos. Sabía que todos me observaban y odiaba esa maldita sensación de debilidad. «No eres débil. Has aguantado hasta ahora, eres fuerte» No, no lo soy. Charlotte se acercó a mí y me dió un abrazo. No dijo nada. En verdad le agradecí ese gesto, porque fue el único real que sentí. Mis demás amigos se amontonaron alrededor mío, solo para tratar de saber por que lloraba la loca del salón. No recuerdo con claridad, qué fue lo que me dijeron. Solo recuerdo que mis palabras no eran coherentes. Balbuceé y dije cosas sin sentido para ellos, pero con todo el significado del mundo para mí. Palabras que, solo alguien como Ness entendería. Amy, otra de mis amigas y tal vez, la más coqueta de todos mis amigos, se me acercó. Eso si lo recuerdo muy bien. Amy, fue mi "mejor amiga" durante el primer año de secundaria, en el segundo año decidió cambiarme por otra de nuestras amigas. Amy se colocó de rodillas frente a mí y limpió mi cara. ─No fue tu culpa ─me dijo, con esa vocecilla dulce que acostumbraba hacer a menudo─. Tú no tuviste la culpa de que él, fuera tan tonto como para hacer eso ─eso, ¿lo escuché bien? Sí, sí lo hice. Me puse de pie y la vi con rencor. Cerré mi puño izquierdo con tanta fuerza, que poco faltó para que mis uñas me hicieran sangrar la palma de la mano. Con la mano libre le di una fuerte bofetada, haciéndola caer al piso de espaldas. Todo el salón me observaba consternados, lo noté, pero no me importó. Amy se sobaba la mejilla mientras me veía con los ojos vidriosos. ─¡No te atrevas a hablar así de él! ─le dije. Estuvé a punto de irme encima de ella, cuando alguien me sujetó de los brazos. Volteé violentamente y vi a Nina, quien me veía con compasión. En su rostro leí con caridad las palabras "por favor" en medio de toda mi locura, recobré un poco la calma. Relajé mi cuerpo y dejé que ella me abrazará. No recuerdo que ocurrió después. Supongo que, me sacaron de la escuela, aunque no estoy segura como pasó. Me encontraba en el coche de Nina, con la mirada pegada en la ventana, observando los árboles que rodeaban la carretera. Afuera llovía ligeramente. «¿Sabes que cientos de personas mueren al año, por causa de accidentes automovilísticos?»  Se preguntó mi subconsciente. «Nina, no es muy buena manejando. Tal vez se salga de la carretera. Tal vez, hoy también pueda morir yo» Me quedé observando un rato hacia el frente. Vi por el espejo retrovisor como, Nina movía los labios. Decía algo, pero, yo no podía escucharla. Se veía molesta. Tal vez, estaría regañándome, pero no me importó. El camino estaba lleno de curvas, y la carretera era famosa por ser resbaladiza en época de lluvias. ─Acelera ─dije apenas moviendo los labios. Ella volteó ligeramente a verme. ─¿Qué dices? ─la oí decir. ─¡Acelera! ─dije casi gritando. Ella abrió los ojos de golpe, sorprendida. ─¿Qué diablos te pasa? ─me dijo─. Sabes muy bien lo peligrosa que... ─ se detuvó y se quedó inerme unos segundos. Fue como si estuviera evitando llorar─ ¿Tanto te ha dolido? ─me preguntó. Yo no respondí. No recuerdo con claridad, que fue lo que ocurrió después. Fue como si hubiera cerrado los ojos y al abrirlos me encontrará en la casa de Ness. Todo mundo se movía de un lado para otro. Bajé del coche y abracé mis propios brazos. No tenía frio, pero sentía que la piel se me erizaba con demasiada facilidad. Estaba a punto de entrar a la casa, pero mi mente, buscaba algo con que entretenerse y postergar ese hecho. Caminaba lo más lento que podía cuando, volteé ligeramente hacia la izquierda y ahí los vi; Carime, Nahum, Hianeth, Jazmín, Héctor y Andrés, los viejos amigos de Ness. Los tipos que fingían ser mis amigos solo cuando él estaba cerca. A sus espaldas, yo no era más que un hazmerreir para ellos. Los vi riendo, jugando y siendo felices. La sangre me hervía. Yo sentía que me Moria. Sentía que vivía en un mundo irreal, que todo a mi alrededor, no era más que una farsa. Las fuerzas me faltaban, el aire se me iba y la maldita culpa asfixiaba cada parte de mi subconsciente y, ¿ellos reían? Me acerqué a ellos. Héctor y Andrés de inmediato voltearon hacia mí y advirtieron a los demás. ─Así que, después de todo, aún pueden reir ─les dije con rencor. Ellos rieron con burla. ─¿Qué haces aquí, mostrito? ─me dijo jazmín. ─Por si no lo sabes, Halloween es hasta mañana ─se burló Hia. Yo los vi con rencor. ─Ya lo sé ─dije─. Solo quería adelantarte el cumpleaños, bruja. Todos me observaron sorprendidos. Era la primera vez que me defendía. La primera vez que no me quedaba callada ni me echaba a llorar como una niña pequeña. Héctor y Andrés se acercaron a mí. Este último, era, el tipo a quien por mucho tiempo le llegué a guardar un profundo rencor. El junto con su inseparable amigo, Héctor, hicieron la brillante apuesta de engañarme para salir con él como si fuera mi "novio" y yo como una estúpida e ingenua niñita me la creí. Nunca le dije a Ness, de haberlo hecho, este les hubiera roto la cara a golpes. Me dieron un empujón y me vieron desafiantes, pero no me intimidaron. Carime se acercó a ellos y los alejó de mí. ─Tranquilos, muchachos. Recuerden que mi adorado noviecito, llegará pronto y... ─me reí interrumpiéndola. Todos me vieron con desdén─ ¿De que diablos te ríes, maldito adefesio? ─me preguntó tratando de golpearme. Sin embargo, no sé cómo ocurrió, pero, logr ser más rápida y detener su golpe. La vi directamente a la cara con todo el rencor que pude. ─De mi cuenta corre que, ninguno de ustedes, se le acerqué ─le dije, soltándola y haciéndola caer al piso. Hianeth y jazmín estaban listas para irse encima de mí─ ustedes lo mataron ─dije casi entre dientes. Todos me observaron confundidos. ─¿Qué dijiste? ─me preguntó Nahum. Las lágrimas estaban asomándose por mis ojos. ─Ustedes, ¡Ustedes lo mataron! ─dije dejando escapar una lágrima─. Él se fue, luego de saber que su "novia" y su supuesto "mejor amigo" lo habían traicionado. ¡USTEDES LO MATARON! ─les grité. Todos me observaron confundidos, sorprendidos, pero sobre todo asustados. ─¿Eso es cierto Nahum? ─preguntó Hianeth a su hermano. ─Carime, ¿Cómo pudiste? ─dijo jazmín llorando. ─Así que, ¿no les dijeron? ─pregunté con malicia─ ¿No les dijeron a sus amigos que, los encontré besuqueándose en plena plaza? ¡SE BURLARON DE ÉL! Y POR CAUSA SUYA, LO PERDI. ¡LOS ODIO! ¡USTEDES DEBIERON SER QUIENES MURIERAN! ¡SON BASURA! ¿¡ME OYEN, ¡BASURA!? NO SE LO MERECEN. ¡EL SIEMPRE HA SIDO MUCHO, PARA MEDIOCRES COMO USTEDES! Recuerdo que mi padre me arrastró hacia el interior de la casa. Recuerdo ver llorar a aquellos chicos. Recuerdo como Jazmín abofeteaba a Carime y la llamaba "zorra". Recuerdo, como Hia golpeaba en el pecho a su hermano, mientras Héctor y Andy trataban de quitársela de encima. Me quedé dormida. Cuando desperté era tarde. Mi familia estaba casi completa. Familiares de todas partes habían llegado. Bajé, alguien me había vestido con un traje n***o. La casa estaba completamente repleta de personas. La mayoría se acercó a mí y me abrazó, palmeaban mi espalda y me decían; "lo siento mucho" "estoy contigo" y cosas por el estilo. Mi mente no entendía mucho. Baruca estaba sentada sobre un sillón frente a una vieja chimenea que nunca se usó. Estaba sola, nadie se le acercaba, lo cual, me imagino que la irritaba demasiado. Caminé lentamente, pues las personas se me acercaban cada vez más rápido, y era imposible avanzar. Así pues, con dificultad me hice espacio y avancé. Mi mente estaba tranquila, era, como si no distinguiera la realidad de la fantasía. Imaginé que todo lo que había pasado, no era más que parte de una terrible pesadilla. Avancé y vi un féretro, pero, no me dio miedo. Era blanco y había algunas velas a su alrededor. Cientos y cientos de flores lo rodeaban, me acerqué. Mi vestido rozaba con algunos arreglos, pero, no le di importancia. Las personas comenzaron a abrirme camino. Recuerdo que me inclinaba como muestra de agradecimiento. Era obvio y lógico lo que encontraría al final. Sin embargo, mi mente no lo entendía. Era como continuar dormida. Avancé y casi tropiezo con el féretro. Me detuvé y lo vi. Tenía una pequeña inscripción, un "Kanji" algo que Ness y yo descubrimos años atrás. Una especie de escritura japonesa. Ese era el kanji de la palabra "Haru" que en japonés significaba "primavera" y de él, salía una especie de hilo rojo que conectaba con otro kanji, el kanji de la palabra "sakura" que significaba cerezo. Mi corazón se aceleró demasiado rápido. El aire comenzó a faltarme y empecé a respirar por la boca. De inmediato me acerqué a ver quién se encontraba dentro. Me quedé helada cuando lo vi. Era Ness. Con su hermoso cabello n***o, cayéndole ligeramente sobre la cara. Sus ojos ligeramente rasgados y sus labios gruesos se veían sin color. Su rostro estaba mucho más pálido de lo que yo recordaba. ¿Qué clase de pesadilla es esta? No, es imposible. Traté de buscar algo para abrirlo. Ness estaba atrapado, tenía que sacarlo. Traté en vano de abrir el ataúd, pero no podía. Mis manos se habían vuelto torpes. ─¡Sáquenlo! ¿no ven que se puede ahogar? ─grité, histérica. Golpeé el cristal que lo cubría, a la espera de que ese se rompiera, pero todo fue en vano. Me odie por ser tan débil─ ¡SAQUENLO! ¡POR FAVOR, AYUDENLO! ─gritaba, pero nadie me ayudaba. No me quedaba más que rendirme. Abracé el féretro con fuerza y grité. No podía engañarme más. Esto, no era ninguna pesadilla, esto era real. Esa ha sido, la realidad más triste de toda mi vida.
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