¿MALA SUERTE?

2098 Words
Llegue a mi casa, casi flotando entre una nube. No podía creer que al fin había reunido el valor para hablar con él, de esa manera. Mi madre me observaba con curiosidad, mientras preparaba la comida. ─¿Tuviste un buen día? ─me preguntó, mientras ponía la sartén al fuego. ─Puede ser ─le respondí con burla. Ella me regaló una sonrisa y continuó cocinando. De pronto mi celular sonó, con un mensaje de él, preguntandome ¿Cómo estoy? Me tumbé en la cama con el teléfono en las manos y una sonrisa en el rostro. Respondí lo más rápido que pude, mientras mi madre entraba en mi habitación y me pedia que fuera a comer. Dejé el teléfono sobre la cama y salí. Comimos con absoluta normalidad. Me dediqué a hacer mi tarea y después decidí ir un rato a la plaza. Me cambié de ropa y salí, con el pretexto de ir a comprar un material, que verdaderamente no necesitaba. No había tardado mucho en llegar a la plaza cuando vi una escena, que no debería de haber visto. Había una linda pareja de novios en el parque dándose tremendos besos. Los vi de lejos y preferí cambiar de rumbo. Nunca me ha gustado ver parejas en la calle. De alguna, rara y tonta manera, imagino que estoy violando la privacidad que poseen como pareja, lo cual, siendo honestos es algo estúpido. Si no quisieran ser vistos ¿para qué demonios se exhiben así en la calle? Me puse, como diría un viejo amigo, nena, y decidí seguir con mi rumbo normal. Caminé tranquilamente y vi de espaldas a la chica. No lo pude evitar, volteé instintivamente. Tenía el cabello oscuro, largo y con un corte que en aquellos años estaba de moda. Me sorprendió verla, pues, aun de espaldas sabía perfectamente de quien se trataba. Me detuve en seco, dejando caer la bolsa que llevaba en las manos. Me acerqué a ellos tan rápido como pude y obligué a esa chica a dar la vuelta, provocando que dejara de besar al chico, al cual, también conocía muy bien. ─¿Qué diablos creén que hacen? ─les dije furiosa. La chica, volteó a verme un poco sorprendida mientras sonrió con malicia. ─¿Eso a ti que te importa, adefesio? ¡lárgate! ─me dijo mientras trataba de volver a abrazar al chico. Pero yo fui un poco más rápida, la tomé del cabello y la jalé, obligándola a caer al suelo. ─¡Eres una maldita zorra! ─le grité─. Eres la novia de Ness ¿Cómo te atreves a besarte con su mejor amigo, en plena plaza? Estaba furiosa y la sangre me hervía. Personalmente, nunca fui buena peleando, pero ese día estaba completamente decidida en golpear a esa chica con todas las fuerzas que tenía. Ella se puso de pie con la ayuda del chico. ─Es tu palabra contra la mía. ¿a quién creés que le creerá Ness? ─me dijo ella con burla. ─Olvídalo, Carime ─le dijo el chico mientras le pasaba la mano sobre los hombros─. No vale la pena pelear con esta rarita. Ambos me veían con burla lo cual, hizo que mi ira aumentara. Cerré los puños con toda la fuerza que tenía y apreté la mandíbula, esperando no llorar. ─¡Él es su amigo! ¿CÓMO PUEDEN HACERLE ESTO? ─les grité. Carime me vio molesta. ─Él nos abandonó primero para irse tras de ti. La única zorra, eres tú ─me contestó con rencor. ─¿Cómo puedes ser tan estúpida, como para creer que entre Ness y yo pase algo? ─le dije. Aunque de sobra sabía que eso, era algo que todo mundo sospechaba. Sí, lo admito, cualquier persona ajena a nuestra forma de convivir pensaría en eso. Sin embargo, en mi estúpido razonamiento de adolescente ingenua, creí que era algo simplemente imposible. Ness, era mi primo. Y aunque muchas veces me dio a entender, que eso a él no le importaba yo siempre mantuve estúpidamente la distancia. ¡que estúpida era en aquellos años! Me preocupaba tanto de lo que los demás pudieran pensar de mí, que me olvidé de hacer caso de lo que yo de verdad quería. Fui tonta y me arrepiento enormemente de ello. Hasta la fecha, no logro perdonarme por eso. Mis amigos en la escuela siempre me dijeron, que no podía enamorarme de mi propio primo. Dijeron que estaba mal, y yo, al no querer que me siguieran tratando como una loca, traté de comportarme con la supuesta "cordura" que todos esperaban. Ahora, con el pasar de los años y, aprovechando la oportunidad, quiero decirles a todas esas personas que me hicieron volverme "cuerda" ¡VAYANSE AL DEMONIO! Y si es posible, llévense su maldita cordura con ustedes. ─Eres la única estúpida que no nota, que Ness no te ve solo como una amiga ─me dijo Carime─. Además, él se fue y yo no perderé mi tiempo esperándolo. ─¿Perder el tiempo? ─le dije aún más molesta─. Si de verdad te importara, no dirías algo como eso ─le reproché con los ojos al borde del llanto. No me malentiendan, el coraje que en ese instante sentía, no cabía dentro de mí y de alguna manera tenía que dejarlo salir. En aquellos años, era pésima para expresar mis sentimientos y lo único que podía hacer era echarme a llorar, como una niña pequeña. Me odiaba por eso. Carime se acercó a mí y me vio con rencor. ─Nahum y yo nos gustamos y eso no lo podrás cambiar ─me dijo mientras me veía sonriendo con burla. La observé con rencor, aguantando lo más que podía las lágrimas. ─Se lo diré a Ness. ─Adelante, estoy segura de que no te creerá. Ambos chicos se alejaron de ahí, dejándome sola con todo el rencor que tenía dentro. ¡Malditos bastardos! Tenía unas enormes ganas de arrancarles la cabeza y golpearlos hasta quedarme sin fuerzas. Quería hacerlos pagar, por atreverse a dañar a Ness. Tomé la bolsa que había caído al suelo y di la vuelta, limpiando las lágrimas que habían ensuciado mi rostro. Continúe con mi camino, acortando el paso. No quería llegar pronto a casa, pues, mis padres me preguntarían que me pasó, al ver el aspecto que llevaba. No es que no les tuviera confianza, es solo que me daba vergüenza admitir que me había echado a llorar en lugar de defenderme mejor. Era pésima con las palabras, Ness, en cambio, era diferente en todo sentido. Un músico nato, un poeta experimentado. Era cinturón n***o en Tae kwon do, y, aun así, sus golpes no llegaban a doler como sus palabras. Era listo, sabio y muy inteligente. Sus palabras lastimaban mucho más que cualquier golpe, aunque, yo era inmune a ellas. Intentaba discutir conmigo y sin importar cuanto lo intentara, yo siempre lo vencía. Pero eso solo pasaba con él. Con las demás personas era torpe e incoherente. Carecía del valor que tanto lo caracterizaba a él. Para alargar mi camino, decidí irme por el mercado. Ya era tarde y sabía que mis padres me interrogarían, pero no me importaba, ya les inventaría algo. Caminaba como hipnotizada. ¿Cómo decirle a Ness lo que acababa de ver? No hacía mucho había entrado en rehabilitación por las drogas. No quería que tuviera un pretexto para volver a caer en ello. Además, nadie en toda la familia sabía de ese hecho. Yo era la única que conocía sus problemas y la única a la que el buscaba cuando estaba mal. Pero habíamos discutido, habíamos quedado mal, y mi maldito orgullo me decía que no tenía que decirle nada. «Déjalo así. ¡Total! El decidió irse, ese es problema suyo» pensé dentro de mí. «Díselo, ¿Qué clase de amiga serias si te quedas callada?» «pero él no quiere escucharme, por eso se fue» «¡búscalo! ¡arregla las cosas con él y dile lo que viste» «¿y si no me cree? Mi mente comenzó a divagar y comencé incluso a creer que de verdad estaba loca, y si no lo estaba, faltaba poco para que lo estuviera. Me llevé una mano a la cabeza y me sobé la cien para tranquilizarme un poco. Mi mente estaba en un gran dilema y eso me tenía tensa. Caminé sin un rumbo fijo y no me di cuenta de que me había metido en la zona más desastrosa del mercado, esa de la que siempre me advirtieron, mi madre y mi tía cuando era una niña. Era el lugar donde algún selecto grupo de chicos se reunía solamente para tomar, fumar o hacer otras tantas cosas, que en ese instante mi ignorancia no me dejó entender. Mi mirada seguía fija en mis zapatos cuando choqué con la espalda de un sujeto. Mis modales me dictaban que tenía que disculparme, así que me incliné un poco sin levantar la mirada. ─¡Lo siento! ─dije con la voz quebrada. No tenía intención de quedarme, solo quería llegar a casa para no preocupar a mis padres. Traté de continuar con mi camino, pero el sujeto se me atravesó. Me tomó del brazo y me hizo dar la vuelta, provocando que la bolsa que llevaba en la mano se cayera al suelo. ─¿A dónde crees que vas? ─me dijo con voz gangosa, mientras su pestilente aliento me golpeo en la cara. Estaba ebrio. Me observaba de una manera que me provocó terror. Quería correr, pero era demasiado débil para zafarme y emprender la huida. Me jaloneé tratando de escapar, pero no pude. El tipo rió, junto con todos sus compañeros─ ¡Hey, Sergio! ¿ya viste que morenita nos acaba de llegar! ─le dijo a otro tipo. Un tipo de piel morena, alto y con cara de pocos amigos se me acercó y me acarició el rostro. Me moví involuntariamente, sentía asco y estaba aterrada. ─¡Déjenme! ─dije con la voz baja. Mi garganta se estaba quedando seca. Los malditos nervios estaban comenzando a traicionarme y mis manos comenzaron a adormecerse. El tipo de piel morena, acercó su rostro a mi cara y me lambió la mejilla con su asquerosa lengua. Cerré los ojos y forcejeé todo lo que pude para alejarme, pero no era lo suficientemente fuerte. Todos se reían de mí. El tipo que me tenía sujeta me soltó de forma violenta, haciendo que cayera fuertemente en el suelo golpeándome la rodilla. Me quede un instante sobre el pavimento. Mi rostro estaba completamente empapado por las lágrimas que no dejaban de salir, una tras otra. Me sentía humillada y decepcionada de lo débil e ingenua que podía llegar a ser. Como pude me puse de pie, cuando otro tipo se me acercó y me vio con burla. ─¿Piensas irte sin despedirte? ─me dijo, mientras estiraba los labios y cerraba los ojos, todos volvieron a reir. No supe que clase de fuerza misteriosa se apoderó de mí en ese instante, tal vez por ira, o por miedo, no lo sé, pero con todas las fuerzas que aún me quedaron le di un fuerte rodillazo en el estómago obligándolo a caer al suelo. Me quedé sorprendida por unos instantes.  «¿Qué has hecho idiota? ¡ahora esos tipos vendrán tras de ti!»   Y en efecto, aquellos tipos me vieron furiosos. Se acercaron a mi dispuestos a cobrar el acto tan estúpido que acababa de hacer. Mis piernas temblaban, pero como pude retrocedí unos pasos hacia atrás. De pronto se escuchó un ruido sordo, como de alguien golpeando el metal. Alguien se acercaba. Los tipos voltearon a ver a un joven de cabello oscuro y ojos color chocolate que llegaba con otro sujeto y era más que evidente que ambos estaban completamente ebrios. Los chicos avanzaron hasta el tipo al que había golpeado antes. ─¿Qué te pasó? ─preguntó el chico. Conocí de inmediato esa voz, era él. El chico del que, estúpidamente me había enamorado. No quería que él me viera, no así, no en ese sitio. No sé de dónde saqué la fuerza para obligar a mis piernas a correr antes de que él tuviera oportunidad de verme. Salí disparada de ahí, sin un rumbo fijo, a la espera de que a esos tipos no se les ocurriera seguirme. Mis piernas no dejaron de correr hasta que se sintieron débiles y caí de rodillas sobre la acera de la calle. En ese instante me di cuenta de algo; tu nivel de felicidad es proporcional al nivel de miseria que recibirás después.  Era obvio, mi suerte aún no había cambiado en absoluto.
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