Los primeros años de Sebastián fueron los más difíciles pero también los más hermosos de la vida de Sofía. Pasó cada segundo posible con él, viéndolo crecer, aprender a gatear, a decir sus primeras palabras, a dar sus primeros pasos. Trabajaba en las mañanas como diseñadora freelance y en las tardes se dedicaba por completo a su hijo. Camila seguía siendo su apoyo incondicional, y sus padres venían todos los fines de semana a visitarles y ayudarles en lo que pudieran.
Cuando Sebastián cumplió un año, Sofía decidió abrir su propio pequeño estudio de diseño de modas en un local pequeño pero acogedor en el centro de la ciudad. Se llamaba "Sofía Martínez Diseño" y se especializaba en ropa para mujeres de todas las edades, con diseños únicos y hechos a mano. Al principio, los clientes eran pocos, pero poco a poco, gracias a la calidad de su trabajo y al boca a boca, la empresa comenzó a crecer.
A los dos años, Sebastián era un niño inteligente y juguetón, con una sonrisa que iluminaba cualquier lugar y unos ojos azules que parecían tener un brillo especial. A menudo, la gente le decía a Sofía que su hijo era muy guapo y que sus ojos eran muy peculiares, y ella siempre respondía con una sonrisa, pensando en Aarón y en si alguna vez conocería a su padre.
Cuando Sebastián cumplió tres años, Sofía decidió llevarlo a un evento de modas que se estaba celebrando en el centro de la ciudad. Era el primer desfile de alta costura que se realizaba en la ciudad en mucho tiempo, y ella había sido invitada como diseñadora emergente. Había trabajado durante meses en una colección de vestidos de noche inspirados en las flores tropicales de México, y estaba emocionada de mostrar su trabajo al público.
Se vistieron con sus mejores ropas: Sebastián llevaba un traje azul marino con una camisa blanca y un moño rojo, y Sofía llevaba uno de sus propios diseños, un vestido verde esmeralda con bordados de flores de hibisco. Cuando llegaron al lugar del evento, se sorprendieron por la grandeza del mismo: había pasarela de cristal, luces espectaculares y una multitud de personas elegantes, entre ellas empresarios, actores y diseñadores reconocidos.
Sofía encontró su lugar en la primera fila junto con otros diseñadores emergentes y se sentó con Sebastián en su regazo. El niño miraba a su alrededor con curiosidad, preguntándole a su madre sobre todo lo que veía: "Mamá, ¿qué es eso? ¿Por qué hay tanta gente bonita? ¿Vas a salir ahí arriba?" Sofía sonrió y le respondió: "Sí, mi amor. Pronto verás los vestidos que mamá hizo con mucho amor".
Justo en ese momento, el anfitrión del evento tomó el micrófono y anunció: "Señoras y señores, con mucho gusto les damos la bienvenida al primer Desfile de Alta Costura de la Ciudad. Antes de comenzar, queremos dar la bienvenida a nuestro patrocinador principal, el Sr. Aarón Velázquez, CEO de Velázquez Group, quien ha hecho posible que este evento se realice".
Sofía se quedó helada en su asiento al escuchar ese nombre. Levantó la cabeza y vio aparecer en el escenario a un hombre alto y guapo, con cabello n***o corto y ojos azules intensos que la reconocieron de inmediato. Era Aarón. Había cambiado un poco en los últimos tres años: lucía más maduro, más seguro de sí mismo, pero seguía siendo el mismo hombre con el que había compartido aquella noche de pasión.
Aarón tomó el micrófono y comenzó a hablar sobre la importancia de apoyar el talento local en el ámbito de la moda, pero Sofía no escuchó ni una palabra de lo que dijo. Estaba demasiado nerviosa, demasiado preocupada por si él la vería, por si reconocería a Sebastián como su hijo. Sebastián, que había estado mirando al escenario con atención, dijo de repente: "Mamá, ese señor tiene los mismos ojos que yo". Sofía se quedó sin aliento y le tapó la boca suavemente, mirando a su alrededor para ver si alguien había escuchado.
Después de su discurso, Aarón se sentó en un lugar reservado en la primera fila, a solo unos pocos asientos de distancia de Sofía. Ella intentó evitar mirarlo, pero no pudo evitar sentir su mirada sobre ella en varias ocasiones durante el desfile. Cuando llegó el turno de su colección, Sofía se levantó con las piernas temblando y caminó hasta el escenario para presentar sus diseños. Mientras hablaba sobre su inspiración y su trabajo, sintió cómo la mirada de Aarón la sostenía, cómo parecía estar realmente interesado en lo que ella decía.
Cuando el desfile terminó, Sofía se dirigió rápidamente hacia la zona de vestuarios con Sebastián de la mano, quería irse antes de que Aarón tuviera la oportunidad de hablar con ella. Pero justo cuando llegaba a la puerta, escuchó una voz que la hizo detenerse en seco: "Sofía? ¿Es realmente tú?"
Se giró lentamente y se encontró frente a Aarón, quien la miraba con los ojos llenos de sorpresa y algo más que ella no podía identificar. Sebastián se quedó quieto a su lado, mirando al hombre desconocido con curiosidad. "Hola, Aarón", dijo Sofía con voz temblorosa. "No pensé volver a verte".
CAPÍTULO 6: EL REENCUENTRO
Aarón la miró fijamente, como si no pudiera creer lo que veía. Luego, su mirada se desvió hacia Sebastián, que estaba mirándolo con sus mismos ojos azules. Sintió cómo su corazón comenzaba a latir con fuerza, como si una puerta que había estado cerrada durante años se hubiera abierto de golpe. "Sofía, ¿quién es este pequeño?", preguntó con voz baja, intentando controlar sus emociones.
"Es mi hijo, Sebastián. Tiene tres años", respondió Sofía, apretando la mano del niño con fuerza. Aarón se agachó hasta la altura de Sebastián y le sonrió suavemente: "Hola, Sebastián. Soy Aarón. ¿Te gusta la música que pusieron en el desfile?" Sebastián asintió con la cabeza y respondió con su voz dulce: "Sí, me gustó mucho. Y también me gustaron los vestidos de mi mamá. Ella es la mejor diseñadora del mundo".
Aarón miró a Sofía con una expresión llena de emoción y dijo: "Sofía, necesito hablar contigo. Podemos encontrar un lugar tranquilo?" Sofía sabía que no podía evitarlo, que era hora de contar la verdad. Asintió con la cabeza y dijo: "Claro. Hay un café cerca de aquí, podemos ir allí".
Mientras caminaban hacia el café, Aarón no pudo evitar mirar a Sebastián, notando cómo caminaba, cómo movía las manos, cómo sonreía. Todo en él le recordaba a sí mismo cuando era niño, y sabía con certeza que aquel niño era su hijo. Cuando llegaron al café y se sentaron en una mesa en una esquina tranquila, Sebastián pidió un batido de chocolate y Sofía le pidió un té de manzanilla.
Una vez que el camarero se fue, Aarón miró a Sofía directamente a los ojos y dijo: "Sofía, no soy tonto. Sebastián es mi hijo, ¿verdad?" Sofía sintió cómo las lágrimas comenzaban a llenar sus ojos y asintió con la cabeza: "Sí, Aarón. Es tu hijo. Nació en julio, hace tres años. Lo tuve después de esa noche que pasamos juntos".
Aarón cerró los ojos por un instante, procesando la información. Luego, abrió los ojos y dijo con voz emocionada: "¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué no me buscaste?" Sofía secó sus lágrimas con la manga de su vestido y respondió: "No sabía cómo encontrarte, Aarón. No tenía tu número de teléfono, no sabía dónde vivías ni qué hacías realmente. Además, pensé que quizás no querías saber nada de nosotros, que aquella noche había sido solo una aventura para ti. No quería pasar por otra decepción".
Aarón tomó su mano sobre la mesa y la apretó con fuerza: "Sofía, no tienes idea de lo mucho que busqué por ti después de esa noche. Llamé a todos los lugares donde creí que podrías estar, pregunté a todo el mundo, pero no encontré ni rastro tuyo. Y ahora descubro que tengo un hijo, un hijo precioso que he perdido los primeros tres años de su vida". Las lágrimas también comenzaron a rodar por sus mejillas, y Sebastián, que había estado comiendo su batido, se acercó a él y le dijo: "No llores, señor Aarón. Mi mamá dice que las lágrimas son para cuando estamos tristes, y tú no deberías estar triste".
Aarón tomó al niño en sus brazos y lo abrazó fuerte, sintiendo cómo el corazón del pequeño latía contra el suyo. "No estoy triste, pequeño. Estoy muy feliz de conocerte", dijo con voz entrecortada. Luego, miró a Sofía y dijo: "Sofía, quiero hacer las cosas bien. Quiero reconocer a Sebastián como mi hijo, quiero darle todo lo que necesita, quiero estar en su vida. Y también... quiero estar en tu vida. Durante estos tres años, nunca he podido olvidarte, nunca he podido dejar de pensar en esa noche que pasamos juntos. Me di cuenta que lo que sentí por ti no fue solo pasión, fue algo más profundo, algo que no pude entender en ese momento".
Sofía se quedó en silencio por varios minutos, procesando las palabras de Aarón. Sabía que él era el padre de su hijo y que tenía derecho a estar en su vida, pero también tenía miedo de volver a enamorarse, de volver a sufrir una decepción. "Aarón, esto es muy difícil para mí. He pasado los últimos tres años criando a Sebastián sola, he trabajado duro para darle una buena vida. No sé si estoy lista para tener a alguien más en nuestra vida".
"Entiendo tus miedos, Sofía", respondió Aarón. "No te pido que me perdones ni que me quieras de inmediato. Solo te pido que me des una oportunidad, que me dejes demostrarte que soy un hombre diferente, que puedo ser un buen padre para Sebastián y un buen compañero para ti. Haré todo lo posible para ganarme tu confianza y tu amor".
Sebastián, que estaba sentado en el regazo de Aarón, dijo: "Mamá, me gusta el señor Aarón. Tiene los mismos ojos que yo y me dijo que me quiere. ¿Podemos verlo más seguido?" Sofía miró a su hijo, luego a Aarón, y sintió cómo su corazón comenzaba a abrirse poco a poco. Sabía que no podía negarle a Sebastián el derecho de conocer a su padre, y también sabía que en su interior, aún sentía algo por Aarón, algo que nunca había podido olvidar. "Bien, Aarón. Te daré una oportunidad. Pero las cosas se harán a mi manera, ¿de acuerdo? Lo más importante es Sebastián, su bienestar y su felicidad".
Aarón sonrió con una emoción que no había sentido en mucho tiempo y le dio un beso en la mano a Sofía: "De acuerdo, Sofía. Todo lo que tú digas. Prometo hacer todo lo posible para que ustedes dos sean felices".
CAPÍTULO 7: EL CAMINO HACIA EL AMOR
En las semanas siguientes, Aarón comenzó a hacer todo lo posible para estar en la vida de Sofía y Sebastián. Llegaba todos los días después del trabajo a jugar con el niño, a ayudarlo con sus tareas, a llevarlo al parque o a la piscina. También ayudó a Sofía a expandir su estudio de diseño, invirtiendo dinero en ella y conectándola con importantes clientes y diseñadores del país.
Sebastián se enamoró de su padre de inmediato. Pasaban horas jugando juntos, construyendo castillos de bloques, viendo películas de superhéroes o montando bicicleta en el parque. Aarón enseñó al niño a jugar al fútbol y a nadar, y Sebastián le enseñó a su padre a dibujar y a hacer manualidades. Sofía miraba con emoción cómo la relación entre padre e hijo crecía cada día más, cómo Sebastián brillaba con felicidad cada vez que veía a Aarón.
Para Sofía, el camino fue más difícil. Aunque ella también sentía cómo sus sentimientos por Aarón volvían poco a poco, tenía miedo de dejarse llevar, de confiar nuevamente en alguien después de lo que había pasado con Lucas. Pero Aarón fue paciente con ella, nunca la presionó, siempre la respetó y la apoyó en todas sus decisiones.
Un día, Aarón la invitó a cenar a un restaurante romántico en la azotea de un edificio alto, con vistas espectaculares a la ciudad. Sofía aceptó con algunas dudas, pero decidió darle una oportunidad. Cuando llegó al restaurante, se encontró con que la mesa estaba decorada con velas y flores de rosa, sus flores favoritas. Aarón la esperaba con un traje n***o de vestir y una sonrisa que la hizo sentir como si volviera a ser la joven de 24 años que había conocido en el bar.
Durante la cena, Aarón le habló de su vida, de cómo había trabajado duro para llegar donde estaba, de sus sueños y sus metas. También le habló de cómo su vida había cambiado desde que había conocido a Sebastián, de cómo ahora todo lo que hacía era para darle una buena vida a su hijo y a ella. "Sofía", dijo al final de la cena, tomándola de la mano. *"He pasado los últimos tres años sintiéndome incompleto, sin saber por qué. Ahora sé que fue porque me faltaban ustedes dos en mi vida