Las siguientes semanas fueron distintas para mí. Ya no observaba a Seth como una demente, ya no surfeaba, no siquiera volví a ir a una de las fiestas de la playa. Sólo me la pasaba en mi casa, peleando con Dawson o leyendo un libro. Seth trató de hablarme, pero me negué a escucharlo; ya me habían cansado sus confusiones. Había hecho lo que Darren me había aconsejado hacer: Valorarme. Pero, extrañamente me encontraba cómoda hablando con mi acosador sin nombre, el cual no dejaba de enviarme mensajes cada día, como ahora. Él: Hola. Yo: ¿Qué quieres? Él: ya no sonríes. Yo: se me terminaron las ganas de sonreír. Él: Me gustaba tu sonrisa. Yo: ¿Quieres un consejo? Nunca te enamores de una idiota que haya perdido a su novio en un accidente. Él: ¿Estás enamorada? Yo: Es lamentable, ¿No?

