—Zoe, ¿Me llevas a comprar un helado? No había terminado de cerrar la puerta de mi casa, cuando Dawson salió a fastidiarme. —Ahora no, enano. No estoy de humor —le contesté, pasándolo por un lado. Lancé mi mochila al sofá y caminé hacia las escaleras. —Zoe, ¿Ese es el lugar al que pertenece la mochila? —me detuve ante la exhortación de Darren desde la puerta de la cocina. —Está bien, Darren —contesté, devolviéndome a tomarla, e ignorando el hecho de que su rostro estaba lleno de huevo. —¿Estás bien? —me preguntó, antes de que terminara de irme. —Sólo estoy cansada —mentí. Terminé por correr lo que me faltaba para llegar a mi habitación, me encerré en ella y me lancé a la cama, contando los días para que me visitara la menstruación. Sólo eran diez días más y saldría de la duda... ¿

