Él la abrazó contra el asiento y ella comenzó a sentir su pene duro entre las piernas y lo miró a los ojos con desafío pero a quién quería engañar...ella también lo deseaba. — Tu renuencia lo hace más divertido, lo admito...sobre todo cuando terminas cediendo a tus bajos instintos — le dijo él. Tenía la voz ronca por el deseo. Sus palabras calaron en la joven que se quedó quieta como una estatua. — ¿Seguirás simulando? ¿fingiendo rechazo para luego ceder ante el placer, como antes? — Susurró él y frotó su pene contra los labios vaginales de Kayla que empezó sentir calor y humedad en la zona de su entrepierna. — ¿Porqué yo? — preguntó ella casi retóricamente. — Debo confesar que cuando te miré por primera vez llamaste mi atención, pero nunca imaginé que me darías tanto placer...— murm

