– Por favor abrocharse los cinturones estamos por de despejar con destino a finix.– la voz del capitán me sonó lejana a pesar de que entendía su idioma. – Oye… pero si saltas de acantilados… como es que. – Yo no sé volar recuerdas… ni siquiera he pasado por la metamorfosis. A de mas hablamos de miles de metros de altura y no unos metros del suelo. – Quizá si te sientas conmigo – se ofreció preocupado al ver como me aferraba a los asientos de piel. Ni siquiera me lo pensé dos veces, salté a su regazo aferrándome a su chamarra de piel, pero en cuanto sus brazos me rodearon introduje mis manos dentro de ella y enterré mi cara en su cuello cerrando los ojos. Respirando la colonia de su piel. – ¿Estás bien? – reclino el asiento hacia atrás y solo asentí contra su cuerpo. El calor que emana

