El salón de té resplandecía con la tibieza dorada de las lámparas de bronce, el aroma a bergamota y vainilla flotando entre murmullos de tazas que chocaban contra sus platillos. Harry ajustó el nudo de su corbata frente a la puerta, preparándose para reunirse con los inversionistas, hasta que el perfil familiar de Denisse lo detuvo en seco. Su sonrisa, esa que creía reservada solo para él, brillaba dirigida a un hombre de espalda ancha y traje impecable. Ese sujeto le parecía familiar, pero no recordaba donde lo había visto antes. El mundo se comprimió en el cruce de sus brazos: el antebrazo de ella, enlazado al de Theodore como un lazo de seda. Harry no sabía que era celoso y posesivo, nunca antes había experimentado ese tipo de sentimientos, pero ahora que veía a Denisse del brazo de ot

