“¡Ahhh…, ohh…, ahhh…, ohh!” gemía Anne, tras cada embate del gigantesco hombre. “¡Novio, novio, espera…, espera…!, ¡me puedes embarazar!”, imploró Anne, haciendo que papi se detuviera. “Métemela por el culo o ve por el condón, papi”, pidió Anne. “¿Qué tal las dos cosas, princesa?”, respondió Tomás, al voltearla con facilidad y hasta algo de violencia, sin darle mucho tiempo que Anne objetara. Ella simplemente subió sus brazos por la pared en señal de rendición ante su fogoso amante. Las gigantescas manos de papi abarcaban casi por completo las blancas nalgas de Anne. Le metió ambos pulgares en el ano al tiempo que acercó su glande y se lo comenzó a meter retirando poco a poco sus gruesos dedos. “Por aquello de que no estés bien lubricada, novia”, le susurró al oído sin importarle si s

