EL CHICO VALIENTE…, O TONTO. Yo, Minerva Magnusson: Cuando entre los tres pavos me inmovilizaron, sentí el chute de adrenalina recorriendo mis venas. Di por hecho que sería follada y refollada por uno y otro el resto de la tarde. El rostro se me puso pálido, pero la v****a me hervía. El miedo hacía palpitar a mi corazón, pero el deseo hacía palpitar a mi v****a. ¡Miedo y deseo juntos! Dos sensaciones tan opuestas como intensas, como el agua y el aceite, que se repelen, pero que pueden ser emulsionadas creando una deliciosa receta; una droga, que como si fuera mercurio, bañaba de una manera ardiente cada rendija de mi cerebro... Los enaltecidos chicos recién se habían apoderado de mi v****a y mis tetas cuando algo inesperado sucedió: Desde un arbusto, donde alguien me observó toda la tar

