La habitación está sumergida en una penumbra tenue, con la luz del atardecer filtrándose por las cortinas deshilachadas. El aire huele a café frío y a lágrimas secas. Denisse, con el cabello revuelto y los ojos vidriosos, se aferra a un cojín desgastado que aprieta contra su pecho como si fuera un escudo inútil. Fuera, una tormenta intensa ruge, pero el verdadero trueno está dentro de ella. "¿Por qué duele tanto elegirme a mí misma?" Pensó, clavando las uñas en la tela del sillón. Su respiración era un hilo tenso, como si el aire le cortara al entrar. Recordó las sonrisas de Harry al principio, aquellas que prometían aventuras, no jaulas. Ahora, cada mirada suya era un interrogatorio silencioso. "Theodore me rompió en pedazos hace un tiempo, pero tú... tú estás convirtiendo cada uno de es

